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Carlos Alberto Borja (i) IDE Business School
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Juan Diego equilibrio familiar y empresa

Los padres de Juan Diego vivieron su infancia y juventud en un pueblo de una pequeña provincia ecuatoriana. Tanto la madre como el padre provenían de familias numerosas y con un ambiente familiar no muy alentador. Ambos se encargaron del cuidado de sus hermanos menores por lo que eran bien vistos entre sus conocidos.

La familia de Matilde, la madre de Juan Diego, tenía una alta calidad humana por el interés en los demás y su imagen era la de "digna hija de tal madre". El padre, de nombre Matías, también era respetado.

Cuando se casaron decidieron ir a vivir a una ciudad más grande en busca de nuevas oportunidades y una mejor educación para sus cinco hijos.

Juan Diego, al ser menor de los hermanos, recibió desde un inicio especial atención de parte de sus padres; con el tiempo se convirtió en un estudiante prometedor debido a que era un niño muy disciplinado Sin embargo, eso fue algo que le trajo conflictos al momento de controlar sus emociones y esa situación preocupaba mucho a sus padres.

Los padres de Juan Diego

Matilde, madre de Juan Diego, era la hermana mayor de cinco hermanos, y desde muy temprana edad trabajó ayudando a la abuela en el negocio que le proveía de ingresos para cubrir los gastos familiares, dado que el abuelo no se ocupó nunca del cuidado del hogar. Matilde también se encargaba de la educación y cuidados de sus otros cuatro hermanos, quienes se llevaban diferencias de poco más o menos dos años.La familia de Matilde era considerada entre los lugareños como una de las más adineradas y de mucha calidad humana ya que siempre estaban atentos para ayudar a quien lo necesitare.

Matías, padre de Juan Diego, vivía en el mismo pueblo de Matilde y siempre se había dedicado a las tareas del campo. Él era un joven autodidacta, muy respetado en el pueblo por ser el "padre" de sus siete hermanos menores, el abuelo paterno -como en el caso de Matilde- también brillaba por su ausencia, hecho por el cual se hizo cargo de la familia junto a una madre del tipo de las que aún hoy a sus más de 90 años gusta todavía de montar a caballo.

El joven Matías tenía un 'hobby': soñar con un libro a las riberas de los lagos que rodeaban a la hacienda. En este ambiente se conocieron Matías y Matilde.

La familia Martínez

Cuando Matías y Matilde se casaron, decidieron vivir en una ciudad grande, en busca de nuevas oportunidades. Matías aspiraba a un mejor desarrollo profesional y una mejor educación y nivel de vida para sus hijos.Pronto Matías consiguió trabajo como bodeguero en una importante cadena de distribución de productos de consumo masivo, a la vez que nacían sus cuatro primeros hijos (espaciados con dos años de diferencia); ello demandaba que el hogar necesitara más ingresos. Él trabajaba jornadas de hasta 12 horas.

Esta frecuencia de embarazos no permitía que Matilde pudiera pedirle a sus hijos que la ayudaran, además que siempre ha pensado y sostenido que "los niños... ¡niños son! y deben vivir como tales... ¡ya les tocará el día de mañana trabajar!" Refiriéndose a las tareas escolares y demás responsabilidades que ella sabía que venían con el pasar de los años.

Matilde se dedicó a tiempo completo a sus labores de madre y esposa, en ese orden.

Cuando María Rosa, la menor de sus hijas tenía 15 años, Matilde quedó embarazada de su quinto hijo: Juan Diego. Como los demás estaban ya grandes, es a Juan Diego a quien más tiempo y atenciones dedicó, es así que este pasó a ser su mejor y mayor compañía.

Disciplina y escuela

Juan Diego fue inscrito en el mismo colegio que habían estudiado sus hermanos varones. Este era un plantel de mucho prestigio por su exigencia y formación, lo que permitió que Juan Diego desde pequeño adquiriera hábitos de orden y disciplina. Además, su mamá tenía mucho cuidado en la presentación de las tareas escolares.A mediados de primaria consideró que podía atenderlo menos a diferencia de los hermanos mayores a los que hasta de grandes les tenía que controlar las tareas, lo cual derivaba en constantes reuniones con los profesores.

Su dormitorio, para ser un niño de edad escolar, permanecía arreglado con un orden estricto. Cada cosa tenía un lugar específico, los libros en la biblioteca, los lápices en su vaso de barro, las reglas mostraban un cuidado especial. A más de esto, su ropa y presentación personal siempre fueron impecables.

Control de emociones

Juan Diego, pese a ser un niño muy disciplinado y un estudiante con altas calificaciones y reconocimientos académicos, tenía un problema que preocupaba mucho a sus padres y maestros.Cuando alguien incursionaba en su territorio y le desordenaba sus cosas o lo perturbaba cuando estaba concentrado sufría una de sus famosos "colerines"; en alguna ocasión sobre algo que ya nadie alcanza a recordar, Juan Diego a sus escasos 12 años pegó tal puñetazo sobre una mesa de vinos -reliquia y recuerdo de bodas de doña Matilde- que la quebró.

Ella salió en su ayuda para calmarlo, hablando con él durante horas, pues temía que se pusiera como loco. Los estallidos de ira y reacciones violentas hacían que Matías tuviese que pedir permiso en el trabajo e ir constantemente a la escuela en compañía de Matilde y Juan Diego para tratar con los profesores.

Secundaria y adolescencia

En la secundaria, Juan Diego mantuvo su característica de prominente estudiante, sumándole a eso, su interés por el ejercicio físico y la lectura.Precisamente la lectura lo llevó, en su momento a leer sobre comunismo y pierde su fe, a la vez que se le despierta un interés muy marcado por el servicio, que él llamaba "redención de los más necesitados". Tenía un vivo deseo de tener "la gloria de cambiar el mundo".

Algunos de los libros que leía hacían referencia a personajes que habían dominado naciones; algunos pasaron a la historia como monstruos: Hitler, Napoleón, Atila... Sin embargo solía defenderse de la crítica de sus padres diciendo "solo tomo de ellos sus mejores rasgos: voluntad de hierro, afán de conquista, ambición". Se volvía muy complicado discutir estos temas con Juan Diego, y Matías nuevamente combinaba su trabajo con las visitas al colegio.

Programa 'Patrullas'

Juan Diego fue seleccionado en su colegio para formar parte de un programa de "patrullas" para desarrollar nuevas técnicas de exploración. En el primer campamento, el animador lo inquieta hacia una vida de servicio desinteresado y por razones más altruistas que "el mero poder por el poder".Por este hecho y entre una cosa y otra se reencuentra con su fe perdida y sin que nadie se lo pida decide hacer un cambio rápido y retomar su abandonada misa dominical. Esto por el consejo del cura de la parroquia, a quien acudió motivado por ese deseo de cambio. El encuentro fue grato, pues a este sacerdote amigo de la familia no lo había visto desde hacía un par de años.

Sus amigos empezaban a verlo con más respeto y admiración. Estas nuevas actitudes tranquilizaban a sus padres, sobre todo a Matías, que ahora se podía comprometer más.