Arturo Castillo, Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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El liderazgo de la mujer goza de autenticidad

El concurso de la mujer en el ámbito laboral y productivo va en aumento, aunque dista mucho, estadísticamente hablando, de la equidad. Se habla de 26% de mujeres que ocupan cargos ejecutivos de importancia. Su gestión, hay que decirlo, es sencillamente exitosa.

Pese a ello, el recelo masculino persiste, a veces por causa de la incredulidad y el prejuicio, otras, debido a un celo territorial, al afán de control. En este contexto, surge la pregunta de si es posible hablar de aspectos característicamente femeninos en la forma de trabajar.

Habría que preguntarse, consecuentemente, si el éxito laboral femenino se debe a que ellas hacen las cosas de manera distinta; es decir, distinta a como las hacen los hombres. Si fuera ese el caso, ¿en qué radica esa diferencia? O por el contrario, ¿está el estilo femenino influenciado por lo masculino?

Si se consideran aspectos sociológicos, psicológicos, anímicos, fisiológicos, que jamás pueden abordarse separadamente, a riesgo de fraccionar a la persona, quizás sea pertinente hablar de una forma femenina de trabajar. Claro, es previsible que este razonamiento se tope con el reclamo feminista, alegando que no existen sino seres humanos, que el trabajo es uno solo. No obstante, no deja de ser tentador pensar en las diferencias, como expresiones de lo diverso, de lo dual.

Por ejemplo, a la mujer se le atribuye un sexto sentido que, puesto al servicio de lo laboral, le permitiría aprovechar oportunidades, ‘ver’ el futuro. La toma de decisiones masculina se caracteriza por el cálculo racional, mientras que las mujeres tendrían una percepción gestáltica, circular, de la realidad. ¿Quién mejor para el ‘multitasking’ que las mujeres? Se baten con el hogar, la oficina, las tareas conyugales. En ello está intrínseca la habilidad para organizar, para manejar los tiempos, para canalizar la energía.

Naturalmente, no se trata de la imagen estereotipada de la supermujer, con expresión de cansancio crónico, con una mueca de insatisfacción, que se esconde detrás de la hiperactividad, sino de un ser humano integrado, que se brinda al mundo sin empobrecerse, sin sacrificarse a sí mismo. Las mujeres tienen una visión más generosa y limpia de la vida, y obran desde el corazón, que es, sin duda, el único atributo que podría salvar a la sociedad de nuestros días. Sí, ellas trabajan de manera distinta, además con el sentido de novedad, de asombro, producto de su reciente descubrimiento de una realidad allende los límites del hogar, que les permite ser dueñas de su destino, sanamente productivas.

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