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Santiago Estrella Garcés
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La Patagonia en cuatro paradas

Con la reapertura del aeropuerto internacional de Bariloche, cerrado desde junio por las cenizas del volcán chileno Puyehue y por mejoramiento de su estructura y equipamiento para monitorear el aire, la Patagonia recupera su protagonismo como destino turístico.

La región se vino a menos tras la erupción de junio del 2011 y aunque hay días en que el viento trae ceniza, no tiene la proporción de los primeros meses.

Los operadores turísticos prefieren que se diga la verdad: “Siempre que se explique bien al turista qué es lo que se puede encontrar, la zona se disfruta igual”, resume Anthony Haws, promotor de turismo de aventura en Villa La Angostura.

En ese contexto, LÍDERES descubrió las bondades que pueden ofrecer los hoteles boutique -con spas para relajarse-, la gastronomía gourmet y la naturaleza. El resultado final será el alma fortalecida para volver al frenesí de las ciudades.

Son lugares ideales para practicar el esquí, las caminatas, la navegación, la pesca deportiva. Además, la comodidad de los hoteles y la belleza natural de la Patagonia impulsan a parar en al menos cuatro destinos de tres provincias del sur argentino.

SAN MARTÍN DE LOS ANDES

El viaje desde el aeropuerto de Neuquén hasta San Martín de los Andes es de 472 kilómetros, pero basta con llegar a Río Hermoso para olvidar tan largo tramo. El río homónimo baña esta casa de montaña que queda dentro del Parque Nacional Lanín.

Las opciones van desde sentarse a escuchar cómo combinan el viento y el agua, leer un libro rodeado de montañas con el perfume del bosque nativo, caminar entre los bosques o desenchufarse del mundo con un vino y cordero patagónicos.

VILLA LA ANGOSTURA

Tomando la ruta nacional 234 desde San Martín de los Andes, se llega a Villa La Angostura, un paraíso patagónico. La ruta es el anuncio de lo que le espera al turista. La llaman la ruta de los siete lagos (el Machónico, Hermoso, Falkner, Villarino, Pichi Traful, los Espejos Grande y Chico, y el Correntoso). El camino llega al Nahuel Huapi, el lago por excelencia de esta región.

Al llegar al hotel Luma se siente que algo va a ser distinto: de la ruta hay que bajar una pendiente de unos 10 metros. En medio del follaje se levanta una construcción de piedra y madera. El silencio es parte del goce de este hotel boutique, en el que cada habitación tiene enormes balcones, todos con vista al Nahuel Huapi.

Tanta naturaleza llama a la aventura. Nicolás Glave, gerente del hotel, llama a Anthony Haws, quien con su empresa Almasur ofrece turismo de aventura para la familia, nada extremadamente peligroso. Sobre el agua aturquesada del Nahuel Huapi, lleva a LÍDERES a remar en ‘duckie’, algo como un kayak inflable. Luego de 45 minutos de un remar a ritmo tranquilo, se atraca en una playa en donde espera una picada de fiambres patagónicos: salmón, ciervo, quesos de cabra...

La navegación parte desde la playa en donde se encuentra otro hotel: Las Balsas. Es el lujo absoluto, el único Relais Chateaux (un listado de los mejores 500 hoteles a escala global) de la región. Es tanto el glamour que uno le da la razón a Richard Gere o a Madonna por elegir Las Balsas porque, además del lujo, garantiza el anonimato y la discreción. Eso sin mencionar que la gastronomía es superlativa.

SAN CARLOS DE BARILOCHE

Bariloche, en la provincia de Río Negro, es sinónimo de turismo. Las opciones son tantas que bien puede ser un dolor de cabeza elegir dónde dormir, dónde comer y qué hacer. Es preferible tener tiempo. La oferta hotelera es tan variada para el viajante que prefiere el lujo: puede encontrar desde lo convencional y lo romántico hasta lo artístico.

El emblema es el Llao Llao (el nombre de un hongo de la región), inaugurado en 1939. Tiene173 habitaciones y 28 suites, más una cancha de golf de 18 hoyos.

Si el viajante quiere algo más íntimo puede ir al Charming, elegido por los usuarios del portal de viajes Tripadvisor como el segundo mejor hotel de Argentina. Sus cabañas de madera tienen spa, con duchas aromatizadas y de colores, almohadas que se puede elegir de un menú.

Si el arte es una necesidad para el huésped, El Casco es la opción para dormir acompañado por cuadros originales de grandes artistas argentinos, como Cesáreo Bernaldo de Quirós o Benito Quinquela Martin.

Nahuel Alonso, de Esencia Travel Experience, entiende que el ‘luxury’ que ofrece la Patagonia es el concepto de naturaleza. Su propuesta es una aventura que resulta singular y siempre sorprendente. No solamente por el paisaje que de por sí alucina, sino por los aditivos de toda excursión. Durante la subida al cerro, Alonso finge haberse equivocado de camino. Los alrededores dan para que creer que es verdad. De pronto, reconoce el camino y muy ingenuos los paseantes a los que guía lo creen.

Aparece enormes entre los arbustos una serie de botellas de ‘vino orgánico biodinámico’ Buenalma, y de entre los árboles aparecen chefs que ofrecen sopa de zapallo y bocaditos patagónicos.

Como para no perder la esencia, desde otro lado, cuando se cree que ya todo está dicho, sale un acordeonista. La fiesta es breve, pero intensa.

ESQUEL

Ya alejado de las cenizas, 300 kilómetros al sur de Bariloche, pasando El Bolsón, está Esquel, en la provincia de Chubut. La primera impresión es la de estar en las campiñas británicas, en donde los corderos llenan los inmensos pastizales, con el viento frío y la garúa constante, razón suficiente para que se convirtiera en el lugar que los galeses de principios del siglo XX eligieran para vivir.

La Primavera es una chacra en las afueras de Esquel que el huésped de Las Bayas Hotel puede usar. Es el lugar ideal para el balance que todo fin de viaje supone: meditar sobre todo lo que la Patagonia actuó sobre el individuo. Su sobria elegancia devuelve a los tiempos pasados, lejos de toda conexión con la vertiginosidad del tiempo, cuando el humano era uno con la tierra, despertarse temprano y respirar aire que, de tan puro, embriaga.

En ese silencio patagónico, no puede haber lugar ideal para quedarse en soledad, caminar entre los animales y dejarse llevar por uno mismo.

Es que ese es precisamente el encanto de la Patagonia: el ser ante la vastedad de la naturaleza y de sí mismo.