Foto: Vicente Costales / LÍDERES
Santiago Ayala Sarmiento Redacción Quito / LÍDERES
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Rafael Bader, un coleccionista de negocios

No se sabe si primero aprendió a hacer negocios o a hablar. Lo que sí se sabe es que desde que aprendió a hablar no dejó de hacer negocios. Porque aunque Rafael Bader Abredabbo nació, por así decirlo, en cuna de oro, sus padres le enseñaron el valor de cada centavo.

Su padre, Basem, palestino que migró al Ecuador y se afincó llegando a ser uno de los ejecutivos más reconocidos del país, les proveía a sus dos hijos (Rafael, de 34 años y Daniel, de 31) lo necesario. Ambos tenían su presupuesto que les alcanzaba para vivir cómodamente, aunque no a un nivel de lujo.

Por eso, el hecho de tener en sus células ADN emprendedor le facilitaba la visión para sacar partido de cuanta idea de negocios se le ocurría. Y empezó desde muy chiquito. En la escuela transaba, por ejemplo, dos carros de control remoto por una bicicleta. Las ganancias las ahorraba para satisfacer sus gustos. En su época juvenil, en cambio, viajaba los fines de semana a Baños, compraba collares y pulseras, y luego los revendía en los patios de su colegio, el Albert Einstein. Ganaba dinero. Y claro, tampoco dejó de experimentar en los típicos negocios de esas edades: vender sánduches, pasteles y cualquier producto de comida que le reportara alguna ganancia.

Tras acabar sus estudios secundarios, en 1998, viajó a México a estudiar en el Tecnológico de Monterrey, que en ese momento estaba rankeada como la número 1 entre las universidades para negocios. Rodeado de muchos "hijitos de papá", vio una excelente oportunidad en hacer trabajos para sacar dinero para sus placeres. Él tenía la capacidad intelectual y ellos el dinero. Así que no le fue difícil hacer los deberes de los otros. Durante los cuatro años de universidad se pasó haciendo proyectos (cobraba USD 300 por cada uno y hacía en promedio cuatro por mes), lo que le permitía disponer de recursos para costear sus vacaciones, además de que ponía en práctica lo que aprendía en las aulas de clase.

"Los profesores mandaban a hacer los proyectos. A mis compañeros les daba pereza hacerlos. Cuando yo me iba al gimnasio, veía en los postes pegados anuncios que decían: 'Realizamos tesis, proyectos, de las diferentes materias'. Entonces me puse a hacer eso también y me dedicaba los fines de semana a hacerlos. Se me hacía fácil y, además, entretenido", recuerda.

Esas experiencias le iban nutriendo, preparando para lo que se vendría después. Luego de acabar su carrera de Ingeniería Financiera en el TEC, se fue a estudiar una Maestría de Marketing Estratégico en la Universidad de Michigan. Había obtenido así el paraguas empírico. Quería regresar al Ecuador y devolver todo lo aprendido.

Cuando regresó, su padre le dijo: "Mira, para emprender, vas a necesitar experiencia. Entonces, es mejor que dediques un tiempo de tu vida a hacer una carrera profesional, a trabajar como empleado privado, para que aprendas, para que conozcas cómo funciona una compañía bien, y luego, ya sales al aire".

Y obedeció. Entró a trabajar en la auditora consultora BDO Stern, ganando un 'súper' sueldo para ser alguien que recién empezaba. Despegó y no paró. Llegó a ser el primer gerente de más corta edad en General Motors; luego saltó a Hyundai Colombia, pero gerenciando desde Ecuador; después, a sus 29 años, se convirtió en Gerente General del concesionario de autos Chevrolet: y, finalmente lideró la firma Hogar 2000.

Esa brillante trayectoria como ejecutivo, sin embargo, no le llenaba. Lo suyo era emprender. En sus tiempos libres le dedicaba total atención a MKT Consulting, su primera empresa. Y, cuando decidió -hace cinco años- dedicarse totalmente a convertir sus idea en oro. Hoy tiene cuatro empresas y se convirtió en accionista de la productora de chocolates Caoní. El dueño de Pronaca, Daniel Klein, le invitó a participar para darle un giro al negocio. Tiene el 19% del paquete accionarial, junto a Klein y Roberto Bravo, dueño de Arrayanes.

La pasión que le pone a las cosas que hace no le permite ver que a veces le faltan horas del día. En estos momentos ya está embarcado en el proyecto de lanzar una nueva marca de chocolate gourmet, de un precio muy alto, con fórmulas suizas y con mezclas exóticas. Además, está negociando la compra de una franquicia estadounidense de comida, introduciéndose así, por primera vez, en este tipo de negocios. Y no quiere parar...

Mientras va deshojando sus ideas, se da tiempo para cumplir con su ritual de rigor tres veces a la semana: ir a almorzar con su abuelita de 84 años. Eso, y pasar horas sentado en su motocicleta de enduro, atravesando parajes del país.

¿Fracasos? Sí, muchos. Pero eso no lo ha derrotado. Él tiene algo que decir sobre el éxito: "La abundancia de bienes materiales no compensa la carencia de espíritu en el alma. Exitoso es aquel que disfruta de las cosas más sencillas...".

2007. COMO MOTOCICLISTA

En las faldas del Ruco Pichincha, disfruta con sus amigos Hugo Bedoya y Óscar Rivera de uno de los tantos paseos de enduro que realiza los fines de semana como parte de sus actividades.

2013. DE VIAJE EN EE.UU.

En un viaje por el Cañón del Colorado, EE.UU. Aunque se considera un hombre de ciudad, espera conectarse cada vez más con la naturaleza. Este quiteño de 34 años hace todo lo necesario para garantizar su futuro.

Hoja de vida

Estudios. Bachillerato internacional en el Colegio Einstein. Ingeniero financiero por el TEC de Monterrey. Master por la Universidad de Michigan, EE.UU.

Experiencia. Gerente general Grupo Hogar 2000 (dos años), Gerente General Urgenpartes (dos años). Vicepresidente comercial Cinascar (dos años). Gerente de Mercadeo GM (tres años).