Emprendedores rosquitas

Los esposos Marlene Navas (foto) y Marco Antonio Tobar están al frente del negocio familiar ubicado en Guayaquil, desde hace más de tres décadas. Su producto viene en dos sabores. Fotos: Mario Faustos / LÍDERES

Washington Paspuel (I) 
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Con las rosquitas tradicionales llega a tres provincias

25 de enero de 2015 15:38

El primer cheque que los esposos Marlene Navas y Marco Antonio Tobar recibieron por su primera venta en una cadena de supermercados de Guayaquil fue de unos 300 sucres. Corría el año 1978. Esa cantidad fue el resultado de la entrega de 30 fundas de pan integral a dos locales de la cadena de supermercados Mi Comisariato, del Grupo El Rosado.

Así nació un acuerdo de ventas que se mantiene hasta la actualidad, y que permitió el despegue de la empresa familiar que los esposos Navas Tobar bautizaron como Pica Pan. Se trata de un negocio que se concentra en la producción y comercialización de rosquitas artesanales, disponibles en dos sabores: natural y cebolla.

Alcanzar ventas de 10 000 fundas de 30 rosquitas, cada una, al mes, no fue un camino fácil, para este negocio que emplea a 10 personas, ocho de ellas encargadas de la elaboración de los bocadillos hechos de harina. “Hemos ido creciendo en la producción a la par del crecimiento de los locales, donde vendemos nuestras rosquitas. Ahora entregamos a los locales de la cadena en todo Guayaquil, y también en las provincias de Santa Elena y Manabí”, menciona Tobar, un marino mercante jubilado.

Captura video - Pica Pan: Más de 30 años elaborando rosquillas

La producción de las rosquitas artesanales creció exponencialmente cuando el matrimonio adquirió un nuevo equipo hace tres años: de 4 000 fundas al mes, pasaron a las actuales
10 000.

La elaboración de las rosquitas es el resultado de un proceso de adaptación del negocio. Sus creadores iniciaron en el centro de Guayaquil hace más de 35 años con la elaboración de pan integral y de soya, que lo vendían en un restaurante naturista bajo su administración. El producto gustó y tuvo pedidos de Mi Comisariato.

“El fundador del supermercado era nuestro cliente. Un día, su secretaria nos llamó para que le lleváramos nuestro producto. El primer pedido fue de 30 fundas para sus dos locales en la ciudad”, recuerda Navas.

El supermercado incorporó después su propia línea de panadería en sus locales, pero mantuvo los pedidos de las rosquitas artesanales de Pica Pan.

Los creadores del producto añadieron posteriormente el sabor de cebolla a su versión natural de la rosquita, por recomendación de uno de sus antiguos empleados, quien conocía del proceso de elaboración. Resultó una buena idea. Actualmente, el 30% de las ventas corresponde a la rosquita con sabor a cebolla, que se incorpora directamente dentro de la masa. “El sabor a cebolla tiene buena aceptación, porque es natural, no se trata de un saborizante”, dice Tobar. Pica Pan también probó con el sabor a tocino, pero lo dejó temporalmente de lado debido a que su elaboración, según los propietarios, todavía les resulta costosa por la materia prima.

El negocio familiar busca invertir en nueva maquinaria, para duplicar su producción. Actualmente, los esposos gestionan un crédito con la Corporación Financiera Nacional, que les permitiría también optimizar la distribución del producto. De momento, dos personas se ocupan de la distribución de las rosquitas a los locales de la cadena de supermercados.

Paralelamente, están en conversaciones con otra cadena nacional de supermercados, para colocar su producto en esas perchas.

“Es un muy buen producto, con una alta rotación en las perchas”, afirma Berenice Castro, jefa del área de Panificación de uno de los locales donde Pica Pan se expende en Guayaquil.

Este año Pica Pan prevé rediseñar el logotipo del producto, como resultado de la buena acogida en las ferias en las que se lo ha promocionado. Aunque las fundas incluyen el detalle del valor nutricional, sus creadores ahora prevén que vaya impreso.