Arturo Castillo / Motivador y prof. de técnicas psicorrelajantes
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El ‘secuestro’ laboral y la voluntad

El maltrato laboral es una dura realidad que afrontan cotidianamente muchas personas; sin embargo, evocar el síndrome de Estocolmo para explicar los aspectos psicológicos y anímicos de tal circunstancia es un exceso teórico inaceptable, una arriesgada acrobacia intelectual. Se debiera más bien hablar de ‘secuestro laboral’, que es un fenómeno bastante común en la relación empleado y empleador, consistente en un apego irracional de la persona hacia la empresa donde trabaja, en una fidelidad estoica hacia sus jefes, a pesar de los malos tratos, del acoso sistemático. La persona pierde la perspectiva, está convencida de que ese es el único lugar para trabajar.

Experimenta pánico ante la idea de que podrían despedirle. No sabría qué hacer, se sentiría perdida, inerme. Se trata, evidentemente, de un nexo emocional neurótico, donde, generalmente, el jefe encarna la autoridad paterna, con el poder para premiar y castigar, para condicionar el afecto y la protección. El individuo adopta un comportamiento infantil, de indefensión; busca aceptación a toda costa. Sus esfuerzos están orientados a complacer al jefe, a la empresa, no tanto a reafirmarse profesionalmente.

La persona está consciente del trato que recibe, de la atmósfera laboral nociva, aun así, no tiene el valor suficiente como para rebelarse, como para enfrentar a quien le maltrata y humilla. Está‘secuestrada’.

Sin embargo, el maltrato no siempre proviene de una persona específica; a veces se trata más bien del clima general de la organización, que está contaminado de irrespeto, inconformidad crónica, autoritarismo, intriga, criticismo, rivalidad, envidia. Personas enfermas generan ambientes enfermos, y no es raro que ese estado patológico finalmente se apodere de la organización entera. Se vuelve, entonces, un círculo neurótico, donde muchas personas están atrapadas.

A propósito de analogías, así como una persona exitosa puede estar enferma, lo cual se refleja en su estilo de vida, en su imposibilidad para sostener relaciones interpersonales, familiares, de pareja, también las organizaciones exitosas pueden padecer dolencias crónicas. El síndrome de Estocolmo, aplicado a cuestiones laborales, no sirve para explicar algunas complejidades humanas. La psicología industrial necesita concentrarse en estos fenómenos, partiendo de sólidas bases teóricas, de la psicología general, aun de la clínica, puesto que muchas empresas están inmersas en conductas destructivas, donde el maltrato y el acoso son apenas manifestaciones de algo más complejo.

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