Juan José Ruiz, de 36 años, es el propietario de la empresa y el autor de las innovadoras soluciones de transporte. Su taller se encuentra en Riobamba. Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES

Juan José Ruiz, de 36 años, es el propietario de la empresa y el autor de las innovadoras soluciones de transporte. Su taller se encuentra en Riobamba. Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES

Cristina Márquez (I)
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El vehículo inclusivo, en su taller

24 de abril de 2016 17:02

Las bicicletas, motos y automóviles se convierten en nuevos objetos cuando ingresan al taller de Inclusivo. Esta iniciativa riobambeña se dedica a transformar todo tipo de vehículos convencionales en vehículos para personas con algún tipo de discapacidad.

Juan José Ruiz, de 36 años, es el propietario de la microempresa y el creador de las innovadoras soluciones que se entregan a personas de escasos recursos económicos. Él combina piezas metálicas con motores, dispositivos eléctricos, pedales y otros artefactos, para ensamblar sus proyectos.

El resultado final es un vehículo adaptado a su nuevo conductor. Cada detalle mecánico está pensado en la estatura, el tipo de discapacidad, el grado de motricidad y otros aspectos de los clientes.

La cualidad más importante es que los vehículos tienen un bajo costo y son accesibles a todo el público. “El propósito de la empresa no es ganar dinero sino aportar soluciones de movilidad a las personas que lo necesitan”, cuenta Ruiz.

Él fundó Inclusivo en el 2012, después de que un accidente laboral le causara una incapacidad temporal. Durante casi un año, él no pudo mover sus rodillas y experimentó todas las dificultades que las personas con discapacidades enfrentan a diario.

“El transporte público no está pensado para las personas con discapacidad y moverse en taxi o contar con un vehículo propio es demasiado costoso y no todas las personas pueden hacerlo”, cuenta el emprendedor.

Esa experiencia lo motivó. Transformó un espacio de su casa, situada en el centro de Riobamba, en un taller al que llama ‘el laboratorio de los sueños’, pues según él, al igual que en el laboratorio de Frankenstein, allí se crea nueva vida.

Ruiz invirtió unos USD 15 000 de sus ahorros y algunos aportes solidarios de sus familiares y amigos, para adquirir máquinas soldadoras, cables y otras herramientas. Lo demás es cuestión de imaginación y creatividad.

También se apoyó en sus estudios en la especialidad de electricidad, que cursó en el Instituto Carlos Cisneros, y en los conocimientos sobre mecánica que aprendió de su padre Luis Ruiz.
El primer prototipo que diseñó se denominó ‘Inclusivo 1’. Ese vehículo está diseñado para las necesidades de movilidad de las personas que padecen la enfermedad ósea de Paget.

Tiene la misma funcionalidad que un scooter eléctrico que en Estados Unidos y Europa cuesta entre USD 3 000 y 6 500. Pero su versión tuvo un costo final de USD 2 000, incluyendo el costo de la adquisición de una motocicleta de segunda mano.

El ‘Inclusivo 1’ es la adaptación a una motocicleta automática, por lo que no requiere de embrague ni marchas, se manipula únicamente a través de botones instalados en el volante. Antes de diseñarlo Ruiz estudió cuidadosamente el tipo de discapacidad de su primer cliente, Galo Uvidia. Le realizó exámenes psicosensométricos y psicológicos.

“Eso nos diferencia de cualquier otra marca disponible en el mercado. Todos tienen vehículos estándar para cada discapacidad, mientras que nosotros lo construimos en torno a las necesidades de cada persona”, afirma Ruiz.

Tras tres meses de evaluaciones surgió el diseño del vehículo. La dificultad para mover las extremidades superiores se solucionó con un volante fácil de manipular y con botones y palancas más sensibles. Para asegurar la estabilidad y el equilibrio del vehículo, se modificó también el sistema de dirección de la motocicleta. Se instalaron dos llantas delanteras y una posterior aseguradas con una estructura metálica que impide que el vehículo se voltee.

Según un estudio de mercado que se realizó antes de la creación de la empresa, en Chimborazo hay alrededor de 12 300 personas con discapacidad física. Y solo un 10% pertenece a un grupo económico activo y cuenta con los recursos para adquirir estos vehículos.

El diseño fue presentado a entidades que promueven la inclusión de personas con discapacidad, sin embargo, ninguna apoyó el proyecto por lo que la empresa se financia con autogestión. De todos modos, él sigue con su misión.

El cliente

‘Mejoré en mi trabajo de mensajero’

Galo Uvidia. El primer cliente de Inclusivo

Tengo 41 años y convivo con la enfermedad ósea de Paget. Es degenerativa y hace que mis huesos se encojan; no puedo mover las piernas y la motricidad de mis brazos es limitada.
Hace tres años me movilizaba por las calles de la ciudad de Riobamba en una silla de ruedas convencional. Pero era difícil maniobrar adecuadamente y estuve cerca de accidentarme varias veces. Además, muy pocas personas me ayudaban.

Desde que tengo el vehículo mi vida ha cambiado; ahora puedo movilizarme con facilidad y en poco tiempo, y gracias a eso pude mejorar en mi trabajo como mensajero en el Municipio de Riobamba.

La moto inclusiva alcanza hasta 60 kilómetros por hora, funciona con gasolina y puede recorrer hasta 400 kilómetros con 10 litros de combustible.

Antes me demoraba más de una hora desde el Municipio hasta el Instituto Carlos Garbay. Ahora voy más rápido y los automóviles me respetan.