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10:31 Lunes 04/02/2013

Crear una universidad distinta a las demás. Ese fue el objetivo que se trazó Santiago Gangotena a inicios de los años ochenta. La idea surgió tiempo antes, en la década de 1970, cuando estudiaba Física en la Universidad de Auburn, en Alabama, y en la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill, ambas en Estados Unidos.

Al pensar en su regreso al Ecuador se preguntaba: ¿Por qué en el país no había una universidad por lo menos similar a la de Alabama? “En esos años para mi era una frustración analizar la realidad de la universidad ecuatoriana”.

PhD en Física, amante de la pintura, de la alta cocina y de la lectura, Gangotena reconoce ahora que en la década de 1980 su idea generaba dudas entre sus familiares y amistades. “Me decían que estaba loco”. No obstante, este practicante de yoga siguió su instinto, lideró a un grupo de intelectuales y empresarios, y en 1988 abrió las puertas de lo que hoy es la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Esta aventura académica hoy se consolida con cerca de 350 profesores (cerca de 140 cuenta con PhD), nacionales y extranjeros, en un campus de 3,5 hectáreas de extensión, ubicado en Cumbayá, al oriente de Quito.

Los primeros años de la USFQ no fueron fáciles. Gangotena recuerda que la idea nació como un programa académico, que no entregaba título avalado por las autoridades. “Los estudiantes y sus representantes sabían que no éramos reconocidos por las autoridades”.

Cerca de 130 alumnos conformaron la primera promoción, y las clases se impartían en una casa alquilada en el norte de Quito. Bruce Honeisen, Juan Manuel Rodríguez, Carlos Montúfar, entre otros, estuvieron entre los primeros tripulantes del viaje que emprendía Gangotena, nacido en mayo de 1945.

Montúfar conoce a Gangotena desde mediados de los años 70. Lo describe como una persona que siempre tiene ideas locas. “Puede estar en cualquier lugar y siempre sorprende con sus ideas”.

También recuerda los primeros días de la universidad, en los que adecuaban los cuartos de la casa alquilada, buscaban libros, equipos, mobiliario... “Santiago es de esas personas que siempre busca mover el piso al resto, en el buen sentido, que pone retos y que sacude a la gente con sus propuestas”.

El número de estudiantes inscritos en el programa académico de la San Francisco se duplicaba a año seguido, lo que demostraba el interés en un sistema académico que hace énfasis en tres aspectos: la investigación científica, la creatividad artística y el emprendimiento.

La demanda continuó en aumento, hasta que en octubre de 1995 la universidad dirigida y fundada por Gangotena fue reconocida por el Gobierno. Los estatutos fueron aprobados en el 2001, y hoy, la idea de este quiteño amante del cine de ciencia ficción reúne a cerca de 5 800 estudiantes y más de 10 000 graduados desde finales de los 80.

Gustavo Vega, ex presidente del Consejo Nacional de Educación Superior, comenta que Gangotena es un científico de calidad, físico y matemático de excelencia. “Fue pionero en la educación particular del país y eso lo logró con tesón, persistencia y voluntad”.

Un día normal Gangotena lo empieza con lectura. “Leo de todo: economía, historia, curiosidades...” Luego revisa el correo electrónico, y si tiene tiempo, nada en su casa, también en Cumbayá.

Las tareas en la universidad se desarrollan desde las 08:00 hasta las 19:00, apoyado en la tecnología. “Despacho casi todo por correo electrónico. Además, estoy en contacto con profesores y colaboradores gracias a una red interna de cerca de 2 000 computadoras”.

Los colaboradores de la Universidad San Francisco reconocen la importancia de la guía que ejerce Gangotena. Giuseppe Marzano, catedrático de la universidad desde hace cinco años, lo describe como una persona brillante, genial y visionaria que estimula a la gente y que ama las libertades. “Nos aconseja que amemos lo que hacemos”.

Marzano añade que una de las marcas distintivas de la universidad es “el sentido de compañerismo que existe en la San Francisco. Y eso nace de Santiago”.

Otro catedrático, Juan Fernando Carpio, lo define como “un iconoclasta, un ciudadano del mundo”. También destaca el excelente ambiente que tiene la universidad y el hecho de aprender la horizontalidad norteamericana.

Precisamente, la oficina de Gangotena muestra la universalidad a la que se refiere Carpio. Alfombrada, con centenares de libros ordenados en un aparador y regados en mesas, con figuras precolombinas, esculturas de la Escuela Quiteña, crucifijos, muebles y pinturas de distintas tendencias y estilos, amplias ventanas desde las que se observan a los estudiantes y a los profesores... En ese espacio Gangotena dirige los destinos de la universidad que en la actualidad se financia con las pensiones de los estudiantes y que ya busca un nuevo espacio, en el mismo sector en el que hoy funciona.

ENTRE LA ACADEMIA, LA COCINA Y LAS LETRAS

1996. Recibió un doctorado honoris causa de Kalamazoo College, EE.UU.

1992. La revista Vistazo lo escogió como una de las personalidades del Ecuador de los últimos 35 años.


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