Redacción Cuenca
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El cacao manabita se hace bombón en Cuenca

Un local de 30 m² alberga una oferta de 100 tipos de chocolate, en el centro de la capital azuaya. Caramelo, maracuyá, amareto, naranja, manjar, crema, menta... son algunos de los rellenos de los bombones que comercializa la iniciativa Chocolatino.

Además del local céntrico, este emprendimiento abrió -el año pasado- un segundo punto de venta en el Mall del Río. Su facturación promedio mensual bordea los USD 4 000 y elabora unos 30 000 chocolates cada semana.

El negocio se inició en el 2007 como un pasatiempo para Juan David Vintimilla, quien es su gerente. Su hermano Cornelio le enseñó a preparar los bombones para consumo personal y empezó a receptar pedidos de amigos y familiares. Con esa acogida identificó una oportunidad de negocio e invirtió USD 2 000 en moldes y pailas para preparar los chocolates.

Al inicio, las ventas bordeaban los USD 800 al mes y tenía un empleado. Conforme crecieron los pedidos, Vintimilla invirtió otros USD 8 000 para arrendar el local en el centro y realizar adecuaciones. Un año después, destinó una cantidad similar y arrendó otro local en el Mall del Río (sur). Hoy tiene nueve empleados.

Carolina Crespo es una de las clientas de Chocolatino. Esta cuencana rescata la variedad y frescura de los bombones. Dice que acude una vez a la semana y cada vez encuentra nuevas opciones.

Eso no es casualidad, ya que Vintimilla señala que invierte cerca de USD 2 000 al año en la creación de nuevos sabores y moldes de diferentes formas, como corazones, flores, mariposas, pirámides...

La selección del cacao es un proceso clave para la calidad del chocolate. Por eso, cada seis meses Vintimilla viaja a la provincia de Manabí para adquirir el producto. Joselito Mendoza cultiva este grano y vende, desde el 2009, a Chocolatino. “Es cumplido con los pagos y busca comprar a diferentes agricultores, para promover un comercio justo, sin monopolizar”.

Además de chocolates, este negocio oferta helados con frutas y salsas de chocolate blanco o negro. Esta diversificación es para atraer a un segmento del consumidor diferente, dice Vintimilla.

Uno de los productos estrella de esta iniciativa es el chocolate de taza, que es un bombón adherido a una cuchara de palo de 15 cm. Este chocolate se introduce en un pocillo de leche a 32 grados centígrados y se bate por un minuto. El resultado es la bebida caliente de cacao.

Cecilia Andrade compra unas 10 unidades al mes del chocolate de taza, para preparar cuando recibe visita. Le gusta por la simplicidad, el sabor y porque “queda el recuerdo de la cuchara de palo”.

Esta consumidora dice que gasta unos USD 6 al mes en adquirir este producto.