Elabore un CV conciso y atractivo, ni escueto ni sobrecargado, que enfatice en la experiencia, sin dejar de mencionar lo académico.

Elabore un CV conciso y atractivo, ni escueto ni sobrecargado, que enfatice en la experiencia, sin dejar de mencionar lo académico.

Arturo Castillo
(O)
Especial para LÍDERES
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No 9

¿Despedido? No es el fin del mundo

14 de febrero de 2016 15:37

El despido laboral tiene un sinnúmero de incidencias en una persona. La más obvia e inmediata tiene que ver con la estabilidad económica, con la seguridad familiar. La pérdida del trabajo trunca y aplaza metas, propósitos, compromisos adquiridos.

Socialmente hablando, la persona desocupada difícilmente atrae la comprensión y empatía del entorno. Su estatus de desempleado genera recelo y, por eso mismo, se vuelve blanco de presiones.

En este punto, su situación económica se convierte en un problema ético, de imagen personal, que merma la autoestima. Puede que el individuo empiece a dudar de su inteligencia, de su valía; puede que incluso se eche la culpa del despido laboral. Después de todo, ¿no fue causa para el despido su ‘incompetencia’?

En muchos casos, se presenta una descompensación anímica, que repercute en la salud, sobre todo en quienes tienden a derrumbarse fácilmente, que optan por la retirada en vez hacer acopio de carácter y determinación. Son personas acostumbradas a que el mundo les dé todo servido.

En contraste, ante el despido, la persona de actitud determinada no asumirá el hecho como el fin del mundo, no se quebrará emocionalmente, no perderá la lucidez y la visión de lo que hay que hacer. Lejos de declararse una persona desocupada, se verá a sí misma como alguien en ‘modo oportunidades’, abierta a cuanta posibilidad le ofrezca el entorno.

Ni obsoleto ni inútil; ni derrotado ni fuera de competencia. El individuo establecerá un itinerario mental, sostenido con los hechos, para poner a disposición del mercado laboral sus mejores atributos humanos y profesionales.

En otros casos, el despido puede reavivar las ambiciones independentistas, que cedieron ante el miedo y la falsa idea de la estabilidad. Podrían renacer las iniciativas, el espíritu emprendedor. El sujeto no duda ni entra en depresión -no hay tiempo para ello- y emprende acciones estratégicas.

No da palos de ciego, no lanza al aire sus hojas de vida; no hace visitas indiscriminadamente, sino con un manejo racional del tiempo. No se desgasta en quejas, deja atrás el despido y, con mente despejada y corazón renovado, vuelve a la brega, afronta el presente.

Obviamente, el despido laboral siempre produce dolor, repercute en el ánimo, desata emociones negativas, genera violencia interior.

Reconocer lo prioritario, recomponerse emocional y psicológicamente son el punto de partida hacia la reconquista de la deseada estabilidad, ya no de una estabilidad a cualquier precio, sino con el signo de la dignidad.

En cuanto a la estrategia, la elaboración de un CV conciso y atractivo, ni escueto ni sobrecargado, que enfatice en la experiencia, sin dejar de mencionar lo académico, puede abrir puertas.

Un listado de empresas, afines con las destrezas e intereses, ayudará a no lanzar las semillas a cualquier viento. Y en la entrevista personal, una actitud relajada, sin avidez ni nerviosismo, que delaten ansiedad; una gestualidad libre de ‘pobre de mí’. El mensaje, por el contrario, debe ser: ‘ustedes necesitan de mi talento’.