Carmen y Victoriano Fernández preparan y comercializan chocolates. La  producción de estas golosinas la aprendió hace 12 años. Foto: Modesto Moreta / LÍDERES

Carmen y Victoriano Fernández preparan y comercializan chocolates. La producción de estas golosinas la aprendió hace 12 años. Foto: Modesto Moreta / LÍDERES

Redacción Sierra Centro
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El chocolate fino de aroma, la base de este negocio familiar

7 de agosto de 2017 20:57

Para deleitarse de un buen chocolate, uno de los más finos en aroma y sabor, no requiere viajar a Suiza, Estados Unidos o Francia. En Ambato, Victoriano Fernández, un apasionado por la cocina y la chocolatería tiene el gusto de prepararlo en su taller artesanal ubicado en la ciudadela Simón Bolívar, en el oriente de la ciudad.

El producto que elabora este experto chef no se exhibe en las perchas de las grandes cadenas de supermercados o en los delicatesen, sino que los comercializa en el sistema de transporte de la ciudad. La oferta es por unidades o docenas, todo depende de la necesidad y el gusto del cliente.

La historia de Fernández se inició cuando pasó de técnico pesquero, cocinero de barco y de un experto en la preparación de parrilladas en sus negocios de restaurante que montó en Guayaquil y en Montañita. Tras cerrar estos locales decidió probar suerte en Ambato y retomar una de las actividades que desde los 12 años aprendió: el de chocolatero.

Hace 17 meses, con una inversión de USD 3 500 instaló su imperio del chocolate al que denominó Happy Donkey House (Casa del burro feliz) o del chocolate fino artesanal.
El hombre, de 66 años, importó los moldes desde China, los utensilios, pailas para el procesamiento del cacao, que sus familiares producen en El Naranjal y Machala. El año pasado, el emprendimiento familiar logró ventas por USD 9 000.

Fernández al inicio procesaba 20 libras de chocolate semanales, en la actualidad son 100 mensuales. El cacao lo tuesta y posteriormente envía a un molino donde obtiene la pasta que es puesto al fuego y mezclada con una cuchara de madera. El proceso es totalmente artesanal.

Para dar forma coloca una capa de chocolate en el molde y posteriormente guarda en la refrigeradora, luego coloca el relleno que pude ser de maracuyá, ron pasas o menta, y posteriormente cubre con otra capa. El proceso termina con el empacado en papel aluminio y es envuelto en papel celofán de colores para identificarlos.

Estos sabores son de creación de Fernández. “Es un sabor nuevo y diferente a los que se comercializan en el mercado. El chocolate ecuatoriano es uno de los mejores y hay que sacarle provecho”.

Su esposa Carmen y su hija Daniela le ayudan en el emprendimiento. Fernández y su retoño se encargan de las ventas.

Otro de sus productos estrellas es el chocolate en barras endulzado con stevia para las personas que sufren con diabetes. “Ellos pueden disfrutar del chocolate fino de aroma que no les afecta”.

Una de las innovaciones en agenda será el chocolate con maní y otros sabores que pronto podrá en el mercado. Actualmente, procesa entre 8 000 y 9 000 chocolates quincenales. Además de barra para la preparación del chocolate de taza que lo entrega en tiendas y una panadería local.