Mercedes Mora junto con su hijo Manuel Gallejos y el equipo de trabajo de su empresa Ademm, que se creó en 1987 en el centro norte de Quito. Foto: Paúl Rivas / LÍDERES

Mercedes Mora junto con su hijo Manuel Gallejos y el equipo de trabajo de su empresa Ademm, que se creó en 1987 en el centro norte de Quito. Foto: Paúl Rivas / LÍDERES

Redacción Quito
Descrición
¿Te sirvió esta noticia?:
Si 6
No 0

Expertos en administrar edificios

1 de marzo de 2017 11:54

Su sueño se levantó al igual que los edificios que administra. Su nombre es Mercedes Mora y es propietaria de la empresa Ademm, que es especialista en la administración de edificios y conjuntos residenciales en Quito.

Levantar un negocio no es tarea fácil y ella lo sabe, porque lleva 30 años en esta labor y reconoce que ha tenido altibajos con los residentes de los edificios y con la competencia en el mercado.

En 1987 comenzó a administrar su primer edificio, que se llama Santa Teresita, ubicado entre la 9 de Octubre y Roca, en el centro norte de la capital. Cada esquina de ese inmueble le trae recuerdos; es por ello que instaló su oficina allí, que hoy la comparte con su hermano y su hijo mayor.

En esa época, la administración de un edificio, en su mayoría, la ejercían hombres, explica la mujer oriunda de Riobamba. “Cuando empecé fue duro pero me siento honrada y feliz porque superamos los obstáculos”.

Tras su graduación en la Universidad Central del Ecuador recibió un regalo que fue el inicio de este negocio: el puesto de administradora de Santa Teresita, que está formado de dos bloques de viviendas y oficinas; así empezó su camino en este mercado del mundo de los inmuebles.

Cuando salió de este edificio llegaron otras residencias como el conjunto Almagro, que estaba conformado por cuatro torres. “En 1987, ese era el edificio más grande, tenía cuatro torres, viviendas y un centro comercial”.

La puntualidad y los principios morales son el plus de este negocio, que cuenta con 13 trabajadores dedicados al manejo y operación de un edificio y, sobre todo, de cobrar el valor por el llamado condominio (pago por la administración del edificio). “La honradez y los valores nos ha permitido mantenernos en el mercado”, asegura la mujer de 56 años.
Los edificios que administra son selectos y van desde el sector de la Patria hasta el Quito Tenis, en el centro norte de la capital.

Los días de Mora son ajetreados desde la mañana hasta la noche. Cada jornada empeña su tiempo y su paciencia al máximo; las llamadas telefónicas significan un problema por resolver.

El guardia vio mal a los condóminos, la tubería del agua se rompió, el sistema de gas o los ascensores se descompusieron, son algunos de los problemas que debe solucionar de inmediato con su equipo de trabajo.

Otro de sus valores agregados es la frecuencia con la que visita sus edificios. Mora hace un recorrido para ver el funcionamiento de los inmuebles todos los lunes, ya que tiene un dicho: “el ojo del amo engorda al caballo”, dice esta emprendedora, quien además hace visitas entresemana.

La administración de un edificio implica la elaboración de un presupuesto, que debe alcanzar para habilitar ascensores si se dañan, limpiar cisternas, los vidrios y el arreglo de citófonos, bombas de agua, saunas, turcos, piscinas, pintura y más. “La planificación debe realizarla según la forma de vida de cada conjunto”.

Mora apostó al cuidado del ambiente en cada uno de los espacios que controla. Lo hace no solo para mejorar la vida de los residentes sino para mejorar el trabajo de las personas que se dedican a la recolección de basura diferenciada.

La colocación de tachos para colocar el plástico, el cartón o el vidrio hicieron la diferencia en los edificios, hace cuatro años.

“El Quito Tenis, por ejemplo, tiene una organización impecable. El condómino tiene que aprender a vivir en comunidad”.

Su hijo Manuel Gallegos Mora camina junto a su madre en este negocio. Actualmente, está a cargo de edificios o conjuntos residenciales del sector de Cumbayá, Ponciano y otros puntos de Quito y sus alrededores. Lo que admira de su madre es su fuerza y lucha, ya que levantó el negocio sola. Él habla de su madre con orgullo.

Las personas que viven en los edificios a cargo de Mora muestran su agrado al tener una persona activa e impecable en su trato y su forma de trabajo.

Marcelo Fernández de Córdova, diplomático que vive en el edificio Churchill Plaza, en el norte, afirma que la administración es eficiente y asegura que la mujer está pendiente en cada detalle, por lo que da un servicio de calidad.

Sin olvidar, asegura, que el manejo económico del dinero se realiza al detalle, es decir, se justifica “cada centavo que se utiliza en el edificio”, insiste.