Loli y Francisco Espinosa, junto con parte del equipo de trabajo de la Heladería & Café Caribe. El local funciona en el Centro Histórico de Quito, desde mediados del siglo pasado. Fotos: Alfredo Lagla / LÍDERES

Loli y Francisco Espinosa, junto con parte del equipo de trabajo de la Heladería & Café Caribe. El local funciona en el Centro Histórico de Quito, desde mediados del siglo pasado. Fotos: Alfredo Lagla / LÍDERES

Redacción Quito
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De los helados pasaron a una carta para todo gusto

5 de junio de 2017 18:47


Flor María Pineda nació en Machala en 1950 y cada vez que visita Quito pasa por la Heladería & Café Caribe. La mujer y el negocio tienen la misma edad y por eso ella se siente como parte de esta pequeña empresa familiar que en mayo pasado cumplió 67 años.

Pineda siempre pide y disfruta de una copa de helado de mora. Por lo general llega al local, ubicado en el Centro Histórico de Quito, acompañada de su hermana Irma, quien es otra fiel clienta de este negocio.

La semana pasada Pineda repitió el ritual. Lo hizo para calmar el calor en las primeras mañanas del verano quiteño que ya calienta la capital del Ecuador.

El negocio fue fundado en 1950 por los esposos Luis Espinosa y Esther Báez. Esta pareja arrancó el negocio casi sin proponérselo. En el tradicional barrio La Tola, también en el centro de la ciudad, Báez montó en 1950 una pequeña tienda, a pocos metros de la Escuela Don Bosco. Los alumnos fueron sus primeros clientes y sus consejeros: ellos le pidieron que prepare helados. Y Báez les hizo caso. Luego sumó a su oferta el café que elaboraba para tomarlo con su esposo.

Así había empezado un negocio que ya va camino a la tercera generación de la familia Espinosa y que cuenta con una clientela constante. De la casa de La Tola, el negocio pasó a un local arrendado en la calle Bolívar, a mediados de la década de 1950.

El helado era la carta de presentación. Incluso Espinosa repartía el producto por la ciudad. Él mismo llevaba una congeladora a otras tiendas para que el producto se mantenga fresco.

Con las ganancias Espinosa se animó a comprar la casa de la esquina de las calles Bolívar y Venezuela. Es el mismo lugar en el que ahora los hijos Loli y Francisco Espinosa ahora administran Heladería & Café Caribe, el negocio fundado por sus padres.

Según Francisco, el éxito del negocio está en mantener intactas las recetas de su madre. “El helado es único y por eso los clientes siempre regresan”.

Para mantener la esencia de los helados, los Espinosa adquieren frutas en Ambato, Santo Domingo y San Lorenzo. Desde esas ciudades llegan moras, guanábanas, naranjillas y otras frutas que tienen las características deseadas por esta familia de emprendedores que genera 16 empleos.

Al recorrer el local de 180 metros cuadrados es fácil advertir que la dedicación es la clave. Mientras un grupo de trabajadores está en la cocina, otro limpia las mesas y sirve los pedidos.

El trabajo se cumple de manera sincronizada. Así es durante las doce horas que la heladería y cafetería permanece abierta, los siete días de la semana. “No descansamos ni el 1 de enero”, comenta Francisco, mientras supervisa al equipo de trabajo.

Otro de los valores agregados de este negocio es el poder reunir a varias generaciones, asegura Loli Espinosa. “Muchas veces llegan abuelos, quienes comparten recuerdos con sus hijos y nietos. Para nosotros es una alegría reunir a familias de quiteños”.

A los helados y el café se sumaron, hace cinco años, platos a la carta como churrascos, secos de chivo, lasañas, entre otros. De esta manera la oferta se amplió, nuevamente por pedido de los clientes, tal como sucedió a mediados del siglo anterior.

Ahora la familia Espinosa enfrenta un desafío: que la tercera generación se encargue del negocio. El asunto aún no se define porque los nietos de Luis Espinosa y Esther Báez tienen otros planes. Por eso una opción es contratar una administración externa, que mantenga la tradición y el sabor.