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Hoy en día la empresa es parte del consorcio francés L'Oréal. Foto: Jenny Navarro/ EL COMERCIO

Hoy en día la empresa es parte del consorcio francés L'Oréal. Foto: Jenny Navarro/ EL COMERCIO

Helena Rubinstein desarrolló un imperio alrededor de los cosméticos

31 de marzo de 2015 10:50

Todo comenzó con un pequeño pote de crema. Eso era lo que llevaba Helena Rubinstein en su equipaje cuando migró de Polonia a Australia a fines del siglo XIX. La crema era fabricada por un médico húngaro y Rubinstein la utilizaba con regularidad.

Al llegar a su nuevo destino la piel de las australianas le pareció muy seca y entonces decidió comenzar a vender la crema. Primero la importó y luego empezó a fabricarla. Las australianas se mostraron encantadas. Para esta pionera de la cosmética, de cuya muerte se cumplen 50 años este 1 de abril, aquel fue solo el comienzo.

En pocas décadas el potecito de crema se convirtió en un imperio mundial y ella, en una reconocida multimillonaria y poderosa mujer de negocios. Y eso que tenía varias cosas en contra.

Nació en 1870 como la mayor de ocho mujeres en un contexto humilde de la polaca Cracovia. Interrumpió sus estudios de Medicina y huyó a casa de familiares australianos cuando sus padres quisieron que contrajera matrimonio. Esta mujer de 1,50 de estatura y porte no tan agraciado nunca fue una belleza en el sentido clásico. Pero con su ambición, su carácter resuelto y su arduo trabajo logró lo que quería. "No hay mujeres feas, solo hay mujeres perezosas", dicen que afirmó alguna vez.

Luego de Australia vinieron París, Londres y finalmente Estados Unidos. "Llegué en invierno y todas las mujeres utilizaban polvo blanco, sus labios parecían grises y tenían la nariz roja por el frío", recordaba la polaca indignada. Fundó un salón de belleza y pronto comenzó a ofrecer, además de las cremas, productos de maquillaje, masajes y otros tratamientos.

"Cuando uno cumple más de 35 es emocionante parecer nuevamente más joven", escribió en una publicidad de 1951 del New York Times. "Uno recibe elogios y todos los amigos preguntan cómo lo ha logrado. Uno nota de un modo maravilloso que tiene un aspecto más simpático y bello. El marido la mira con nuevo interés. La vida parece más emocionante".

Rubinstein jamás intercambió una palabra con su mayor rival, Elizabeth Arden (1884-1966), pese a que los salones de belleza estaban a solo unas cuadras de distancia en Manhattan. Rubinstein, que estuvo casada dos veces y tuvo dos hijos, logró abrirse paso y ser al favorita de la sociedad neoyorquina. Pero no todos los caminos se le abrían sin más. Muchas veces debió enfrentar actitudes antisemitas.

Una exposición sobre su vida en el Museo Judío de Nueva York cuenta que en una oportunidad, cuando le negaron la compra de un apartamento en la elegante Park Avenue, la empresaria decidió comprar todo el edificio. También tenía apartamentos en Londres y París, y le gustaba mantenerlas decoradas con obras de arte de todo el mundo. Fue una de las primeras especialistas de arte de África y Oceanía y fue retratada por Pablo Picasso.

Murió en 1965 en Nueva York a los 94 años, luego de haber volcado hasta último momento todas sus energías en la compañía. Hoy en día la empresa es parte del consorcio francés L'Oréal. Ella solía decir en broma: "En vida he trabajado 300 años".

Uno de sus colaboradores contó en entrevista con The New York Times que Rubinsten "no podía recordar el nombre de sus mejores amigos, pero nunca olvidó el nombre de ni una sola sustancia de sus productos". El periódico también reveló uno de los últimos deseos de esta célebre mujer: "Quiero que mi empresa siga existiendo 300 años después de mi muerte".