Esta modalidad es oportuna en una época en la cual se analizan jornadas parciales de trabajo. En Ecuador ya se aplica esta iniciativa en firmas como Kimberly-Clark.

Llevar interiorizada la oficina, convertirse en trabajador portátil, vivir de la nube, se volverán virtudes del nuevo trabajador. Foto referencial

Arturo Castillo (I)
Para LÍDERES
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El nomadismo digital ¿el fin del trabajo grupal?

5 de agosto de 2016 09:28

El convencimiento de que la sociedad contemporánea se encamina de forma presurosa hacia nuevas formas de concebir y realizar el trabajo, resulta propicio para especulaciones de todo orden. Por ejemplo, la posibilidad de que las personas puedan hacer sus tareas profesionales “desde la comodidad de su hogar”.

Mucha gente se imagina a sí misma en bata de cama, bebiendo una humeante taza de café, tomándose todo el tiempo del mundo antes de encender la computadora; exenta de jefes neuróticos, inoportunos compañeros, largas y tediosas reuniones que frenan la productividad.
Este estado de ensimismamiento profesional, este no tener que vérselas con la gente para trabajar, es el ideal del “nomadismo digital”. Y aunque suene paradisiaco sería una tragedia para el mundo.

Se trata de cambiar paradigmas, hábitos, la rutina, para hacer del trabajo una cuestión maquinal, un simple proceso.

Esto comprometería el sentido esencial del trabajo, que no es otra cosa que la estrecha convivencia humana. Efectivamente, el trabajo es un acto humano compartido, el encuentro con el distinto, con el que nos complementa, pero también con el que nos contradice.

Los beneficios del trabajo ‘nómada’ son innegables; el uso de las herramientas tecnológicas, algo extraordinario, pero nada de ello, por eficientes que haga a los sujetos, será capaz de dar al trabajo esa dimensión espiritual que solo el esfuerzo mancomunado puede ofrecer.

El hecho del trabajo en solitario, no anuncia un futuro distinto para el quehacer humano, no hace pensar en un servilismo tecnológico, que a fin de cuentas haría de los individuos máquinas productivas, dispuestas para el trabajo sin restricciones de tiempo o espacio.

Llevar interiorizada la oficina, convertirse en trabajador portátil, vivir de la nube, se volverán virtudes del nuevo trabajador, predicen los futuristas de la tecnología. Pero pasan por alto el hecho de que lo tribal es también parte esencial del equipaje humano, lo gregario.

En ese sentido, el hombre se ha inspirado, por ejemplo, en la fina y compleja organización de las abejas, y en la laboriosidad de las hormigas.

Peter Miller, editor de National Geographic, en su libro Smart Swarm (Enjambre inteligente), sostiene que la observación del comportamiento de las abejas, las hormigas y los renos puede servir de manera efectiva para administrar empresas, para sacarle el mayor provecho posible a los equipos de trabajo. Se trata de retornar al sustento biológico del trabajo, a los modelos que han hecho posible la evolución del ser humano.