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Agencia EFE
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La quinua orgánica, el trampolín de campesinos

9 de marzo de 2017 13:27

La quinua, el cereal de moda en Europa y EE.UU., goza de una fama cuyos altos precios no repercuten hasta ahora en los humildes campesinos del altiplano peruano, quienes se han unido para defender y promocionar la calidad de su grano ancestral como trampolín que les saque de la pobreza.

Mientras el kilo de quinua puede alcanzar en supermercados del hemisferio norte hasta los 15 euros o dólares, los productores de la región peruana de Puno, fronteriza con Bolivia, apenas reciben 4 soles (USD 1,23) por kilo.

“Eso es completamente injusto, porque no cubre los costos y el esfuerzo de los productores”, afirmó el coordinador nacional del Programa Conjunto de Granos Andinos, Miguel Maldonado, gestor de esta iniciativa de las Naciones Unidas para mejorar la calidad de vida de los campesinos peruanos de Puno y Ayacucho.

El proyecto, financiado por el Fondo para el Logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDGF) a través de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), fomenta desde el 2015 la producción de quinua orgánica para venderla a través de cooperativas y la marca Aynoka en el mercado local y y extranjero.

“No pueden competir y presionar si van solos al mercado. No es lo mismo ofrecer 30 toneladas que ofrecer una”, defendió Maldonado durante una visita a pequeños agricultores de Puno de representantes de Naciones Unidas.

El objetivo es diferenciar la quinua de Puno como un producto oriundo y ancestral de la región, donde la planta, que crece de manera endémica a 3 800 metros sobre el nivel del mar, es objeto de veneración y se la adora con bailes tradicionales desde hace siglos, como parte del calendario agrícola andino.

Hasta ahora unos 1 900 campesinos, dueños de pequeñas parcelas en las frías tierras cercanas al lago Titicaca, recibieron consejos para mejorar sus cultivos como parte del Programa Conjunto, implementado por la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Unesco. Estos productores buscan seguir expandiendo su producto.