Los emprendedores Jonathan Haro, Jimena Haro y Diego Haro muestran la producción de esta iniciativa. Foto: Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES.

Los emprendedores Jonathan Haro, Jimena Haro y Diego Haro muestran la producción de esta iniciativa. Foto: Foto: Glenda Giacometti / LÍDERES.

Cristina Márquez (I)
redacción@revistalideres.ec
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Esta iniciativa calza con la responsabilidad social

6 de abril de 2015 00:00

Todo comenzó cuando Jonathan, Diego y Jimena Haro, tres hermanos oriundos de Guaranda, en Bolívar, visitaron una de las comunidades más pobres de su provincia. Esa ocasión, ellos decidieron aplicar sus conocimientos en marketing y comercio para convertir la fábrica de calzado de su padre en un proyecto de ayuda social y en una empresa rentable al mismo tiempo.

Hoy, se dedican a fabricar zapatos de estilo ‘teen fashion’ (moda juvenil). Por cada par que venden a través de las redes sociales, obsequian otro par de la misma calidad a niños de escasos recursos.

Luego, envían por la Web la foto del pequeño con sus zapatos sujetando un cartel con el nombre del comprador que contiene la leyenda: “Gracias”, y el código de los zapatos que compró. Así, el cliente comprueba que la entrega se hizo.

El emprendimiento nació hace seis meses con el eslogan “Un par por una sonrisa”. Los jóvenes, que se profesionalizaron en marketing, negocios internacionales y comercio, respectivamente, invirtieron cerca de USD 10 000 en la adecuación de la fábrica.

Su padre, Bernardo Haro, les cedió lo que antes se denominaba Calzado Pionero. Esa era una fábrica de zapatos clásicos manufacturados por manos guarandeñas. Pero ellos compraron nuevas máquinas, estudiaron el mercado y diseñaron cinco colecciones de zapatos para mujer.

Con el dinero de la inversión inicial también adecuaron el espacio físico y compraron nuevas materias primas, como lonas jean exclusivas de la marca, también moldes para las suelas inyectadas, entre otros materiales que en un 90% son ecuatorianos.

El concepto publicitario de la marca está relacionado con la importancia de ayudar a los demás y con el amor verdadero. De hecho, esa idea inspiró el nombre de la empresa. “Buscábamos la mejor definición de amor y la encontramos en la Biblia, en Juan 3:16. El versículo habla sobre el amor de Dios al mundo”, cuenta Jonathan Haro, de 31 años.

Él es el mayor de los hermanos y se dedica al área comercial, mientras que su hermano Diego, de 27 años, es el responsable de controlar el proceso de producción. Al mes, la firma produce 2 200 pares, entre los que serán donados y los que van a ser comercializados.

Para optimizar el proceso implementaron la tecnología estrobel , un tipo de costura que garantiza más durabilidad del zapato y máximo rendimiento de la mano de obra. En la fábrica laboran 20 obreros y cada uno puede fabricar hasta 60 pares de zapatos al día.

Entre tanto, Jimena Haro, de 22 años, dirige el marketing en los perfiles de Facebook, Instagram y Twitter, allí se les puede ubicar como z3:16, @un_par_por_una_sonrisa y @yo_soy316.

Jimena promociona los zapatos y la labor social con el hashtag #YoSoy3:16, en esa tarea le apoyan otros cinco jóvenes que integran el equipo de marketing y ventas. Ellos permanecen conectados a las redes las 24 horas.

Su función es difundir el catálogo virtual disponible en la página web, atender los pedidos y responder las inquietudes de los cosmonautas. Los pedidos se envían a través de courier y llegan directamente al domicilio de los compradores.

Al momento, la empresa recibe pedidos de Quito, Cuenca, Puyo, Riobamba, Ambato, pero su meta del 2015 es incrementar la producción a 10 000 y difundir sus productos en todo el país. Además, este mes presentarán la primera colección masculina.

Geovanna Peñafiel es una de las clientas asiduas. “Me gustan los zapatos no solo porque son hermosos y combinan a la perfección con mi forma de vestir, sino porque sé que cada vez que adquiero un par estoy regalándole otro a un niño que lo necesita de verdad”.