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Beatriz Costa está a cargo del negocio de La Palma. Ella es parte de la cuarta generación de la familia. Fotos: Mario Faustos / LÍDERES.

Beatriz Costa está a cargo del negocio de La Palma. Ella es parte de la cuarta generación de la familia. Fotos: Mario Faustos / LÍDERES.

Cafetería La Palma,107 años dedicados a los dulces

3 de mayo de 2015 12:57

La vitrina de la cafetería La Palma está llena de dulces y bocaditos de sal, que se preparan con las recetas tradicionales que la familia Costa guarda hace 107 años.

En una de las paredes del negocio, ubicado en el centro de Guayaquil, entre las calles Escobedo y Vélez, un anaquel almacena una decena de utensilios de cocina de acero, con marcas del incendio que soportaron en 1950, cuando se quemó la cafetería y toda la cuadra en la que funcionaba.

Beatriz Costa, quien es parte de la cuarta generación de la familia, está a cargo del negocio. Ella cuenta la historia de La Palma de memoria. Comienza por mencionar que desde España, Martín Costa Coronel llegó en 1901 a trabajar como jefe pastelero para Florentino Cabanna, que abrió la Dulcería y Cafetería La Palma, en un local de la calle Luque.

“El señor Cabanna decidió cerrarla, pero mi tío Martín la compró el 1 de agosto de 1908. Para nosotros desde ese año se cuentan los aniversarios”.

Martín Costa nunca tuvo hijos, pero trajo desde España a sus sobrinos Ramón y Martín Costa Colomino. Con ellos sacó adelante esta cafetería que ha recibido a personajes guayaquileños como el cantante Julio Jaramillo y el expresidente Jaime Roldós.

La Palma ha visto a Guayaquil crecer, cambiar, volverse moderno. Gloria Gallardo, directora de Turismo y Promoción Cívica del Municipio de Guayaquil, comenta que este local es de los más emblemáticos de la ciudad. “Además de un punto de encuentro gastronómico tradicional para los guayaquileños -dice Gallardo- es un espacio con un valor turístico muy grande, por su historia”.

La decoración del sitio alberga detalles que le dan un toque de elegancia: los pilares de madera, las mesas de mármol, las fotos en blanco y negro colgadas de las paredes son parte del negocio.

“Mi abuela me contaba que la gente salía de los teatros y venía para acá. La vida nocturna era más larga en el centro, ahora no se puede, cada vez cerramos más temprano”, cuenta Beatriz Costa, quien está a cargo de la imagen.

La tercera generación la conforman José, Jaime y María de los Ángeles Costa. Ellos fueron los responsables de haber expandido el negocio, en la década de los ochenta, hacia Urdesa. El sector en esa época era el nuevo polo de crecimiento de la ciudad.

El tercer local de La Palma abrió en la ciudadela La Garzota, en noviembre del 2014, con la cuarta generación de la familia en el negocio. Al finalizar el año, se abrirá un cuarto local, pero aún no está definido el sector.

El reto de Santiago y Beatriz (hijos de Jaime) y María Paola (hija de José), ahora es mantener la esencia del lugar, adaptándolo al mercado que en la actualidad se vuelve más competitivo.

Uno de los primeros pasos fue abrir un sitio web, participar en redes sociales y crear una línea gráfica que comunique la esencia tradicional guayaquileña del negocio. “Creí que iba a ser más sencillo, pero ha sido un proceso encontrar una forma de refrescar la marca sin que pierda ese toque antiguo con el que la gente nos identifica”, cuenta Beatriz.

Santiago Costa, que está a cargo del área de producción, menciona además que este año se implementará un área de producción en la zona industrial de la vía a Daule. Esto, porque desde 1950, cuando La Palma sufrió el incendio, la mayor parte de la producción se concentra en la matriz. “Ahora, tenemos 55 empleados, pero con la nueva planta tendremos unos 15 más”, comenta Santiago Costa.

En la matriz y en el local de Urdesa se producen cada día 6 000 bocaditos. La nueva planta les permitirá incrementar la capacidad de producción sobre todo de bocaditos, los más emblemáticos de este negocio centenario.

Insignia
​'Estoy muy agradecido con La Palma'

Ramón Herrera, Mesero en el local matriz.

Comencé a trabajar aquí a los 17 años y ya llevo 45. Este ha sido mi primer y único trabajo, por eso estoy muy agradecido con La Palma y con la familia Costa, porque han depositado en mí su confianza todos estos años.

Yo conocí a Ramón Costa, el abuelito de Beatriz; la recuerdo a ella y los hijos de los hermanos Costa por aquí, desde que eran niños y ahora están trabajando en el negocio familiar.

Creo que lo que les ha permitido mantenerse en el tiempo ha sido tener productos preparados al momento, siempre frescos y con precios cómodos. Me acuerdo que al señor Ramón no le gustaba subir precios, porque quería siempre ver su cafetería llena.

Hasta ahora veo que hay gente que compra los bocaditos en grandes cantidades para enviar a sus familiares en el extranjero.