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María Peters, Alberto Santos y Jenny Cárdenas artesanos del lugar. Foto:  Julio Estrella  / LÍDERES

María Peters, Alberto Santos y Jenny Cárdenas artesanos del lugar. Foto: Julio Estrella / LÍDERES

Una casona que muestra las artesanías del país

6 de enero de 2017 10:50

La dificultad de encontrar un lugar fijo donde comercializar artesanías con un buen trato, tanto para el productor como para el cliente, fue la motivación para que nueve artesanos generen un espacio que reúna la cultura de varias zonas del país.

Así nació Casa Mariscal. Se trata de una tienda ubicada en la zona turística del centro norte de Quito y que tiene artesanías que llegan desde las provincias de Azuay, Tungurahua, Chimborazo, Cotopaxi, Pichincha, Guayas, Imbabura, Los Ríos y Pastaza.

Alberto Santos, administrador y uno de los artesanos fundadores, comenta que en este almacén se pueden encontrar todo tipo de productos: hay cuadros de Galápagos, adornos, bisutería y correas tejidas con pelo de caballo de Guangopolo, piezas talladas a mano en madera de Oyacachi, tejidos otavaleños, obras en cuero repujado de Tumbaco, bisutería en plata, cosmética natural, alimentos preparados, entre otros.

Esto, porque se manejan dos corrientes de artesanías: una, busca recuperar las técnicas ancestrales de elaboración de productos; la otra se enfoca a la nueva artesanía, con reciclaje, lo gourmet fusionado con las técnicas de preparación tradicionales de alimentos, entre otros. Una de las características de Casa Mariscal es que todos los productos tienen garantía, sin entrar en la discusión de si hubo una falla en el producto originalmente o si se generaron daños por el mal uso, eso no importa, igual se repone, explica Santos.

Además, quienes llegan al local, compren o no, son invitados a tomar un café de cortesía o una agua aromática, como parte de recuperar la tradición ecuatoriana de la atención amable al visitante. “Esa relación con los clientes a partir del café ayuda con algo muy importante: pasan la voz sobre la tienda y regresan”, señala Santos.

La aspiración inicial era reunir a 75 productores durante los primeros seis meses de apertura de la tienda, pero el interés de formar parte de este proyecto se demuestra cuando en un trimestre ya suman 57 artesanos. Jenny Cárdenas, artesana que hace bisutería de réplicas de hojas naturales con polvo de plata, comenta que es bueno que más personas se unan porque la competencia ayuda a mostrar variedad al cliente y le da la oportunidad de ganar a todos. De ahí que descubrieron que la clave para que este proyecto surja es la asociatividad.

La idea de la Casa Mariscal nació hace dos años y medio, pero se hizo realidad hace cinco meses, abriendo sus puertas al público hace tres meses. Fueron necesarios USD 30 000 de inversión inicial. El estimado de ventas al que se aspira llegar es de entre USD
15 000 y 20 000 mensuales en los primeros seis meses de trabajo, pero más adelante se aspira duplicar la estimación. Actualmente hay un cumplimiento del 80% de la previsión de ventas.

Un requisito para que un artesano venda su mercadería en la tienda es que esté en capacidad de tener en exhibición por lo menos USD 200 o 300 en productos.

Cárdenas confirma la necesidad de cubrir ese monto ya que notó que cuando un cliente ve repisas vacías, o con pocos productos no se acerca. Para evitar esto se está viendo la posibilidad de recibir productos del mismo tipo en grupo, para que los artesanos que tienen una capacidad de producción limitada puedan acceder.

El proyecto fue diseñado para que a los dos años empiece a generar rentabilidad, con lo que buscan garantizar continuidad, por eso los productos se venden a un costo similar al que manejan los artesanos en las ferias. El próximo paso es implementar una tienda en línea, en este mes.