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El Tren de Alfaro a escala y el Sanjuanero, personaje creado, son dos productos del Taller Sin Fronteras. Foto: Pavel Calahorrano / LÍDERES

El Tren de Alfaro a escala y el Sanjuanero, personaje creado, son dos productos del Taller Sin Fronteras. Foto: Pavel Calahorrano / LÍDERES

Los hermanos Gálvez reafirman la identidad ecuatoriana en cada pieza

25 de abril de 2017 14:32

El Taller Sin Fronteras de propiedad de los hermanos Gálvez guarda 19 años de historia.
Son dos salas contiguas. En una, hay una gran estantería de madera con sus trabajos más recientes: piezas a escala que retratan la identidad nacional. En la otra, una máquina de corte láser, de gran tamaño, que ha reducido los tiempos para la elaboración de cada pieza a solo minutos.

Fue en 1997, ante la escasez de ofertas estables de empleo, cuando Arnaldo y Nelson Gálvez decidieron emprender, junto a un amigo que los acompañó por poco tiempo, un proyecto de artesanía. Un año después ya habían instalado un taller en su propia casa, ubicada en el sector Ferroviaria Alta, al sur de Quito.

Los primeros trabajos fueron figuras de Disney, elaboradas en esponja. Luego, cambiaron a espuma flex, material con el que las piezas adquirieron solidez. Hasta que, finalmente, el insumo para la elaboración de las figuras infantiles fue la madera tríplex.

La inversión inicial de este emprendimiento fue de 1 millón de sucres (cerca de USD 40). Posteriormente, gracias a un préstamo, invirtieron en maquinarias y materia prima para la elaboración de sus piezas artesanales.

Las figuras de los hermanos Gálvez, acompañadas de murales, decoraron espacios infantiles en hospitales, colegios y hasta dormitorios particulares.

En los últimos años, Taller Sin Fronteras evolucionó a la realización de piezas con identidad local. La historia y tradiciones del Ecuador fueron la base para la creación de personajes propios, que representan la cultura local, como el Sanjuanero, figura inspirada en el aruchico y el colibrí.

Estos personajes autóctonos ambientados en paisajes locales dieron color a 18 salas lúdicas de las Unidades Judiciales de Familia, Mujer, Niñez y Adolescencia, ubicadas en todo el país.

La identidad nacional también la trasladaron a la elaboración de juguetes, inspirados en hechos emblemáticos. Fue el caso del Telégrafo 1, el primer avión que surcó los andes ecuatorianos, o del Andino, el primer vehículo ensamblado en el país. Y, desde el año pasado, a la confección de casas patrimoniales e iglesias, como la de El Belén, en el sector de La Alameda, en Quito.

La empresa Dismade, distribuidora maderera, es una de sus clientes. “El trabajo es de primera calidad, cuidan mucho los detalles. Les gusta explorar el país y nuestra identidad, eso me atrae mucho”, dice Pilar Aizaga, propietaria de firma, que en 2016 realizó alrededor de 20 pedidos.

En los últimos meses, la situación económica, entre otros factores, los obligó a vender sus productos en las calles de la capital. Nelson, quien se encarga de la comercialización, lo lamenta. “En la calles, el producto pierde valor. Le gente pide menos de lo que vale una pieza”, manifiesta.