Caterina Costa, presidenta de la de Cámaras de Industrias de Guayaquil. Foto: Enrique Pesantes / LÍDERES

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Alexander García (I)   [email protected]
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Una seguidora entusiasta de la novela histórica

5 de junio de 2017 14:27

El ejercicio de la lectura junto con sus tres hijos la ha llevado a redescubrir un universo de títulos de literatura infantil y juvenil, por los que confiesa su aprecio. Caterina Costa, la presidenta de la Cámara de Industrias de Guayaquil, termina leyendo a menudo los libros que les envían a sus hijos en el colegio. Gaby García Costa tiene 22 años, Luis Eduardo, 17. Al hijo menor, Juan Sebastián, de 8 años, aún le lee por las noches.

Así descubrió obras como ‘Mitee y el cantar de las ballenas’, de la escritora ecuatoriana Edna Iturralde; la historia “bellísima” de ‘Mi planta de naranja lima’, del novelista brasileño José Mauro de Vasconcelos, que transcurre en una favela; o la vena juvenil de Carlos Ruiz Zafón, con libros como ‘El palacio de la medianoche’.

En el caso de Ruiz Zafón se convirtió luego en una seguidora de sus novelas para adultos, una combinación de aventura y misterio, del superventas español.

Los libros con un halo de misterio, las historias detectivescas y hasta con tintes escabrosos marcaron los gustos en sus primeras lecturas. Costa echó mano de los libros que había en su casa, los que heredó como hija menor de una familia de cuatro hermanos. Pero sintió predilección por las historias policiales de Agatha Christie o los cuentos de terror de Edgar Allan Poe.

Ahora, más allá de los títulos que han terminado en su casa debido a sus hijos –los que lee con devoción demasiado a menudo-, sus intereses se centran en la novela histórica, de autores como el estadounidense Noah Gordón, el británico Ken Follett y el español Ildefonso Falcones.

Costa comparte lecturas y recomendaciones con su esposo, Luis Eduardo García Plaza. Cuenta que le cautivan obras que tengan la capacidad de tocar fibras hondas de la experiencia humana, mejor si “estremecen el alma”. Se emocionó hasta las lágrimas con las páginas de ‘La gesta del marrano’, novela histórica del argentino Marcos Aguinis, la historia de un médico judío perseguido por la Inquisición en el Virreinato del Perú, en el siglo XVII.

La también presidenta de la Federación Nacional de Industrias dice que le debe mucho del gozo por la lectura a maestras de primaria y secundaria, entre ellas escritoras como Maritza Cino. En la universidad, tuvo como profesora a la crítica Cecilia Ansaldo.

“La lectura ha sido para mí una forma de distensión e identificación con otras realidades. La literatura siempre fue el arte que más me gustó. En una época escribí también, en tercer curso me gané un premio de cuento en el Colegio Alemán”, dice Costa, quien desde 1994 dirige la empresa familiar Poligrup, grupo industrial de productos plásticos de Guayaquil.

En la época universitaria y luego en sus primeros años de trabajo, aún soltera, recuerda que se gastaba buena parte del sueldo en libros. Era la época de oro del ‘boom’ de  . “Soy medio curuchupa, pero me recuerdo leyendo a carcajadas libros como ‘Pantaleón y las visitadoras’, de Mario Vargas Llosa; o devorando a ‘Doña Flor y sus dos maridos’, de Jorge Amado”.