Marco Criollo, Esther Catota y Rocío Angamarca trabajan en la producción del vino. En la imagen de la derecha  Margoth Ríos y Henry Quelal cosechan el mortiño en los páramos de la comuna San Juan. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

Marco Criollo, Esther Catota y Rocío Angamarca trabajan en la producción del vino. En la imagen de la derecha Margoth Ríos y Henry Quelal cosechan el mortiño en los páramos de la comuna San Juan. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

En Sigchos se elabora vino de mortiño

7 de noviembre de 2016 12:59

El último Inca es la marca artesanal de vino de mortiño que produce un grupo de mujeres de la comunidad Quinticusig del cantón Sigchos, en Cotopaxi. Hace seis años y medio comercializan este producto que cuenta con registro sanitario.

El buen sabor, el color, la calidad y el precio de este producto permitieron que las ventas se incrementaran en este año. Cada mes la asociación comercializa alrededor de 400 botellas de 750 mililitros y factura USD 2 400. Los principales mercados del vino de mortiño son Cotopaxi, Pichincha y otras provincias en menor escala.

La historia de la Asociación de Productores de Vinos de Mortiño de Quinticusig se inició en el 2010. La inversión inicial fue de USD 8 000 que consiguieron a través de un crédito en una entidad financiera y que aún están pagando. Con el dinero adquirieron tanques, equipos y la materia prima para el procesamiento. Además, las botellas de cristal para el envasado y sellado.

El abastecimiento del fruto silvestre está a cargo de los habitantes de las comunidades cercanas a los páramos de la Cuenca del río Toachi. Ellos cosechan el mortiño en cajones de 25 libras y lo comercializan a la Asociación de Productores de Vinos de Mortiño Quinticusig, encargada del procesamiento de este fruto para convertirlo en una bebida suave que puede consumirse en una parrillada, como aperitivo o en las tradicionales picaditas.

El gremio está integrado por 21 mujeres de esa comunidad que está localizada a 20 minutos del cantón Sigchos. Ellos se capacitaron durante 120 horas en el procesamiento, industrialización y comercialización con el apoyo de una fundación canadiense.

Rocío Angamarca, encargada de la planta procesadora de la comuna Quinticusig, recuerda que la idea de producir vino fue de Holger Herrera, técnico del Ministerio de Agricultura, en Cotopaxi. “Se hicieron pruebas y sacamos nuestro producto”.

El plan arrancó con el procesamiento de 25 litros semanales.

Cada botella se comercializa en USD 6. En el último trimestre la producción alcanzó las 1 200 botellas. El administrador de la Asociación, Luis Lutuala, contó que con el apoyo de la Prefectura se construyó una nueva planta procesadora de vinos. Además, recibirán el equipamiento por USD 60 000 con la ayuda de la fundación canadiense.

El proyecto es producir 1 200 botellas mensuales. Sus principales clientes están en Sigchos y la cadena Camari.

En la asociación, trimestralmente procesan 200 libras de mortiño, cada libra la compran en USD 3. Antes recolectaban cada tres meses, pero el cambio del clima impide que madure rápido.

“En la asociación pensamos en hacer unos semilleros, pero no conseguimos que la planta se desarrolle. Por eso firmaron convenios con siete comunidades para la recolección y comercialización del producto a la microempresa”, mencionó Lutuala.

A pesar que la planta del mortiño no ha logrado aún domesticarse, los campesinos e indígenas de las comunidades del cantón Sigchos, en Cotopaxi, lo cosechan. Mario Andino, alcalde de Sigchos, explica que este fruto silvestre crece en los páramos entre los
2 900 y los 3 000 metros de altura.

El Burgomaestre trabaja en un proyecto de conservación de 1 500 hectáreas de páramos donde crecen las plantas de mortiño. “La idea es que la microempresa tenga el producto durante todo el año. Para esto los estudios lo realizan dos universidades”.

En la distribución de El último Inca trabaja Hilda Díaz. La mujer comercializa su producto en su tienda en el centro de Sigchos. Trabaja con la marca desde que salió al mercado porque es de buena calidad. Las ventas mejoraron y el producto es más conocido.

Las cifras

La Asociación  comercializó en el último trimestre 1 200 botellas. Luis Lutuala, administrador, detalla que se procesan cada tres meses 200 libras de mortiño.

Al momento en la planta trabajan cuatro personas. Se prevé que se duplique la mano de obra. La Fundación canadiense Apoyo a las comunidades aporta en la microempresa. Más información al correo: [email protected]