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Las impresoras 3D preparan los platos capa por capa. El precio de los equipos es uno de los limitantes. Foto: Cortesía

Las impresoras 3D preparan los platos capa por capa. El precio de los equipos es uno de los limitantes. Foto: Cortesía

Con la tecnología 3D ya se imprime comida

19 de enero de 2017 11:41

Las impresoras 3D ya han comenzado a imprimir comida, incluso menús sin gluten y con un control exhaustivo de los ingredientes, por lo que pronto se ganarán un lugar en las cocinas, entre la cafetera y la tostadora.

Así lo augura el nutricionista Alex Vidal, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (España). Él destaca que esta nueva tecnología a más de emplearse para imprimir piezas en el sector industrial, fabricar prótesis para la medicina o elaborar las figuras más diversas de decoración, también están entrando en la cocina.

Según Vidal, de momento las impresoras 3D han entrado en las cocinas de grandes restaurantes y servicios de comida, pero en un futuro próximo aspiran a convertirse en un electrodoméstico más con fines gastronómicos.

“Con esta nueva herramienta puedes diseñar elementos, volúmenes y texturas para dar una vuelta (opción) más a las diferentes propuestas y los platos que hacen grandes restauradores”, asegura Vidal.

En un estudio realizado en octubre pasado, la consultora Gartner auguraba que en 2016 se venderían más de 455 000 unidades de impresoras 3D, una cifra que se incrementará en el 2020, de acuerdo con los cálculos de la consultora, hasta exceder los 6,7 millones de unidades. Aunque todavía no están implantadas entre el consumidor final, Vidal plantea ventajas en el caso de alergias e intolerancias alimentarias.

“Cuando haya algo que se tenga que controlar mucho, como puede ser una alergia alimentaria o una intolerancia al gluten, puede ser muy útil. Puede ayudar a esquivar algún nutriente”, afirma este nutricionista.

Varias empresas se han interesado por la impresión 3D de comida. Entre otras está Natural Machines, que es una empresa emergente con sede en Barcelona (España) y que comercializa la Foodini. Es una máquina que funciona con cápsulas e imprime una gran variedad de alimentos, tanto dulces como salados.

En el extranjero, otras compañías también se han lanzado a trabajar esta técnica, como la estadounidense 3D Systems, que ha ideado la Chefjet y la Chefjet Pro y ha impulsado el 3D Culinary Lab para estimular la innovación gastronómica.

Además, están la canadiense ORD Solutions, que ha impulsado la RoVaPaste Hybrid Food 3D Printer, o la también estadounidense Systems and Materials Research, que prepara un modelo que pueda nutrir de manera sana a los astronautas.

Vidal lamenta que, aunque pueda ser útil para determinados grupos de personas, por el momento esta tecnología “no es accesible para todos” entre otras cosas por su precio. Por ello, hasta ahora solo se han introducido en la restauración y principalmente en establecimientos innovadores y de cierto nivel.

La mayoría de impresoras 3D de comida funciona de manera similar a una manga pastelera: van añadiendo capas y capas de comida y es habitual que se empleen con ingredientes cremosos y no duros, como chocolate, crema de queso, pasta, helado, mermelada, mostaza o crema de cacahuete.

Vidal puntualiza que todavía no se puede imprimir con todo tipo de ingredientes. “Este es un reto que tiene todavía la industria, junto con la introducción de la cocción, ya que la mayoría de máquinas no cuecen y se necesita terminar el plato en el horno, en la sartén o en la olla”.

Para imprimir una pizza o un pastel, hay que proveer la máquina de la materia prima, programarla y esperar a que prepare el plato, un proceso que puede tardar desde sólo cinco minutos hasta 20 ó 30, dependiendo de la receta y la dificultad. En muchos casos, las impresoras 3D se emplean y tienen éxito en la repostería porque, según indica Vidal.