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Ena Escobar junto a productores de la Amazonía en la planta (izq.). Recibiendo el premio FoCo (der.). En Imbabura junto a caficultores que son parte del proyecto café del Bosque Nublado. Foto: Patricio  Terán / LÍDERES

Escobar no solo se enfoca en la compra del producto, sino también se preocupa de impulsar proyectos para que la gente tenga oportunidades. Foto: Patricio Terán / LÍDERES

Su labor va más allá de vender café

11 de abril de 2018 06:28

No conformarse es la clave de su éxito. Ena Escobar Herrera, gerente de Galletti Coffee Roasters, aprendió desde pequeña que debía perseverar para conseguir sus objetivos.
Entonces, su ideal era jugar en la calle como lo hacían los niños, que miraba desde su ventana. Pero su mamá, Aída Herrera, no le autorizaba. En los 70 se decía que las mujeres debían pasar en la casa.

Ese argumento no convenció a Escobar. Ella pensaba que tenía derecho a divertirse como los niños y siguió insistiendo hasta que a los ocho años lo logró. En el exterior descubrió un mundo nuevo.

Cuando parecía que iba a ganar un juego, los niños le halaban el cabello. Eso fue temporal. Para competir en las mismas condiciones, se cortó la cabellera y reemplazó las faldas por pantalones. “Quien ataja el río del Chota decía de mí, mi familia”.

El ímpetu que demostró en su niñez se mantuvo. Escobar luchaba para romper esquemas. Consideraba injusto que se califique de malo o bueno ciertos comportamientos. Por esto, emprendió nuevas conquistas.

Patty Ramón, amiga de Escobar desde hace 20 años, destaca que este espíritu se mantiene. “Ella es alegre, soñadora y positiva”.

Escobar logró que sus compañeras del Colegio Betlemitas de Ibarra usaran zapatos deportivos con falda o que la asistencia a misa antes de clases no sea obligatoria. De esta forma, esta mujer se forjó una imagen de defensora y líder.

Esos antecedentes influyeron en su decisión de estudiar leyes en la Universidad Católica del Ecuador. Inicialmente pensó que defendería las causas sin importar los ingresos hasta que su papá ‘Pepe’ Escobar le advirtió que tras terminar su carrera no recibiría más su apoyo económico.

Cuando llegó ese momento, en 1992 empezó a trabajar. En esa etapa sufrió acoso. Pero no se desmotivó. Viajó a Estados Unidos para perfeccionar su inglés y conseguir un mejor empleo.

A su retorno se vinculó a una compañía privada y luego ganó un concurso para traducir los contratos y convenios de la ampliación de la Refinería Esmeraldas, entre 1994 y 1995. Debido a que el socio del proyecto era el Eximbank de Japón, por el horario, trabajaba desde las 22:00 hasta las 04:00 para responder la correspondencia que llegaba vía fax. Y luego acudía a la otra compañía.

En 1996 nació su hijo Enrico. Su esposo Donald Galletti, mecánico nuclear, estuvo a cargo del niño hasta que por la falta de oportunidades abrió la primera cafetería Galletti, en 1997, en la avenida Colón y Santamaría, en Quito.

Vendía café italiano. Por sus características, el sitio salió en las guías Lonely Planet y South American Explorer. Esto impulsó el negocio. Luego se enfocaron en un café orgánico de Loja, que ya no solo servía para preparar bebidas, también se vendía molido en supermercados y hoteles.

Cuando tenía dos hijos (Enrico y Angelina), en 2002, Escobar se unió al negocio. Carlos Gallegos, quien fue su jefe en un estudio jurídico, la recuerda como una mujer alegre, amable que se trazaba metas y las cumplía.

En el 2007 se cerró la cafetería para dedicarse al café de especialidad. El negocio empezó a exportar y a impulsar el desarrollo en las comunidades. Walter Villacís, caficultor, destaca que Escobar no solo se enfoca en la compra del producto, sino también se preocupa de impulsar proyectos para que la gente tenga oportunidades.

Hoja de vida

Estudió Jurisprudencia en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Allí obtuvo un doctorado.

Ejerció como abogada desde 1992 hasta el 2005. Luego se vinculó a un emprendimiento familiar.

Obtuvo un diplomado en Planificación Estratégica de Negocios en el Instituto Tecnológico de Monterrey .

Le gusta recorrer el campo y saborear las frutas maduras de los árboles.