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El mal empleado no solo puede ser un dolor de cabeza para sus compañeros, también puede mermar los recursos de la corporación. Foto: Internet

El mal empleado no solo puede ser un dolor de cabeza para sus compañeros, también puede mermar los recursos de la corporación. Foto: Internet

Un compañero tóxico puede salir muy caro

9 de febrero de 2017 11:13

Gabriela M. recuerda que cuando trabajó en una entidad pública tenía un compañero que buscaba quedar bien con sus jefes hablando mal del trabajo a las espaldas de los demás.

De hecho, por esta situación, la profesional comenta que el ambiente de trabajo era negativo para sus compañeros e incluso fue un factor para que la productividad disminuyera en la oficina.

Encontrarse con un mal compañero de trabajo es uno de los problemas más comunes que una persona puede afrontar a lo largo de su vida laboral. No obstante, esta situación puede ser más perniciosa de lo que parece y puede verse reflejado, incluso, en las cifras de la compañía.

Así se evidencia en la investigación titulada ‘Toxic Workers’ (trabajadores tóxicos) elaborada por Michael Housman y Dylan Minor de la Escuela de Negocios de la Universidad de Harvard, publicada a finales del 2015.

El trabajo académico analizó de cerca el desempeño organizacional de más de 50 000 empleados en 11 empresas de EE.UU. y concluyó que despedir a un empleado tóxico puede ahorrar el doble de dinero que contratar a un empleado “estrella”, que pueda cobrar un sueldo más elevado.

Según el estudio, un trabajador estrella puede costar USD 5 303 al mes, mientras que despedir a un mal empleado puede ahorrar a la firma USD 12 489 mensuales.

Los investigadores compararon los ahorros estimados de despedir (o evitar) a un empleado tóxico, versus el aumento de ganancias estimado que produciría un excelente nuevo empleado, cuya productividad sería un 1% superior en el área que se desempeña.

Estos “ahorros” no tienen en cuenta el costo de posibles sanciones regulatorias que causaría el empleado tóxico, costos de litigios o caída de la productividad que podrían ser causados por el trabajador problemático, según el estudio, sino más bien “el costo de rotación inducido”, es decir, el gasto de reemplazar a buenos trabajadores que renuncian debido a un colega malo.

El análisis de la prestigiosa casa de estudios norteamericana usó el término “tóxico” para describir a cualquier empleado que daña la propiedad de la compañía (por robo o fraude, por ejemplo) o malos compañeros de trabajo (por intimidación, acoso sexual o violencia en el lugar de trabajo).

La teoría sobre gestión empresarial tiende a centrarse en los beneficios de la contratación de talento de primer nivel, por lo que los autores del trabajo académico buscaron examinar al revés: el impacto de un mal funcionario.

Paola Ochoa, profesora de talento humano de la Espae (Escuela de Posgrado en Administración de Empresas, de la Escuela Superior Politécnica del Litoral), sostiene que en el ámbito local los malos compañeros son asociados con el denominado ‘mobbing’ o acoso laboral.

La catedrática sostiene que este tipo de comportamientos que suelen estar caracterizados por malos comentarios entre compañeros o la presencia de chismes, en ocasiones, suelen ser trivializados en las corporaciones.

Por esta razón, la catedrática aconseja que si se quiere erradicar este tipo de problemas se debe buscar la causa de estos comportamientos. “A nivel cultural tratamos de evitar este tipo de comportamientos, pero más bien se deben enfrentar”, añade Ochoa.

En las corporaciones que se busca afrontar estas situaciones, señala, la productividad de la plantilla suele ser más alta.

El despido debe ser la última opción, explica Jeannet Constante, directora de Kynnesis, firma especializada en ‘coaching’ y consultora en talento humano.

Para Constante, un empleado puede ser tóxico debido a un mal momento que está atravesando en su vida personal, por ejemplo, afrontar un divorcio.

Constante sostiene que primero se debe realizar una evaluación para encontrar la raíz del problema del empleado y luego de ello, si la persona no cambia de actitud, se analiza el despido.

Pero no solo se trata de identificar a los malos compañeros de trabajo, sino también identificar si se es uno. El Foro Económico Mundial, en su página web, señala que ser un mal compañero de trabajo va más allá de la productividad y presenta 11 hábitos que los malos elementos suelen cometer.

Estos son: imponen su forma de trabajar, ahorran tiempo propio haciendo que lo gasten otros, no se ponen en el lugar de las personas con las que trabajan, dan por hechos conocimientos previos, no son ordenados con la información que pasan a otros compañeros, no usan el correo electrónico de forma considerada, piensan que ayudar a los otros es una pérdida de tiempo, dejan en evidencia a los demás, ponen peros sin ofrecer soluciones, no reconocen sus errores y siempre están cerrados a los cambios.