Manabí, Loja, Pichincha, Azuay, Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi y Carchi lideran la demanda de carne en el Ecuador. Foto: Juan Carlos Pérez / LÍDERES

Manabí, Loja, Pichincha, Azuay, Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi y Carchi lideran la demanda de carne en el Ecuador. Foto: Juan Carlos Pérez / LÍDERES

Redacciones: Santo Domingo, Quito y Guayaquil  (I)
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En ocho provincias se concentra el mayor consumo de cárnicos

15 de marzo de 2015 15:48

Ecuador tiene la suficiente cantidad de carne para satisfacer el consumo de sus habitantes. Cada año se procesan alrededor de 220 000 toneladas métricas, que se obtienen del millón de reses faenadas en camales formales, de acuerdo con la Federación Nacional de Ganaderos.

Según la Asociación de Ganaderos del Litoral se producen al año 300 millones de libras de carne. Se destinan 1 760 000 cabezas de ganado para la producción.

Seis provincias de la Costa concentran la mayor cantidad de población de ganado de carne. Manabí lidera el top de la producción: el 40% del total de sus reses va para el procesamiento de carne.

Esta provincia junto con Loja, Pichincha, Azuay, Chimborazo, Tungurahua, Cotopaxi y Carchi son las que más consumen carne, según datos oficiales.

La Encuesta de Superficie y Producción Agropecuaria muestra que los habitantes de esas provincias consumieron 203 195 cabezas de ganado en el 2013.

La investigación también revela que en Cotopaxi, Pichincha, Esmeraldas, Santo Domingo de los Tsáchilas, Chimborazo y Azuay se compraron 263 107 cabezas de ganado vacuno.

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en Ecuador la población ganadera es de 5,2 millones. De esa cifra, el 50,64% se concentra en la Sierra.

La dinámica de la producción de carne a escala nacional gira en torno al tipo de razas o cruces genéticos del ganado, cuyos experimentos tienen sus orígenes en países como Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos. Por ejemplo, en las haciendas se destacan razas como nellore, brahman, guzerat, aberdeen angus y red angus, charolais y shorthorn.

Estos animales se caracterizan por producir carne de calidad y se adaptan fácilmente a cualquier tipo de clima.

Ganaderos consultados por LÍDERES explican que mantener este tipo de semovientes no es una tarea fácil. Ellos se quejan por las diferencias que hay entre el valor que les compran la libra de carne y el que se le fija al consumidor final.

El dirigente ganadero de Esmeraldas, Horacio Moreira, por ejemplo, asegura que les pagan hasta USD 0,70 por cada libra, mientras que en los mercados y tercenas se vende en
USD 3,50.

Los ganaderos plantean que el Gobierno les fije el valor de USD 1,25 para que les compensen los costos de producción.

Teófilo Carvajal, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos, indica que los valores por la carne no han variado desde hace 10 años y por eso cree que existe una tendencia a la baja en la actividad. “Algunos ganaderos se han retirado del negocio, porque ya no lo ven rentable. Esto pone en riesgo la seguridad alimentaria del país”.

En el sector también creen que hacen falta esfuerzos para explotar mucho más esta actividad. Carvajal considera que la declaratoria de país como libre de aftosa es la gran oportunidad para que las autoridades trabajen puertas adentro, con miras a concretar los planes de exportación de carne.

Para este dirigente es necesario que se implementen programas para fomentar el cruce de animales y así mejorar la producción y aumentar la población ganadera. Según Carvajal ,esto se lograría con más inseminación artificial o implantes de óvulos que incrementen el número de partos de reses por año. Por ejemplo, el dirigente explica que con más ganado genéticamente mejorado se puede reducir el tiempo de engorde de las reses.

Según el ganadero Juan Zambrano este proceso toma cuatro años, pero en las vacas de cruces se acorta a dos años. “El beneficio es la precocidad de producción con un alcance de hasta 1 000 libras por cada semoviente”.

El Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (Magap) tiene un plan de incentivos para los ganaderos. Se tiene previsto importar 12 000 vaconas de vientre y realizar subastas para que los ganaderos obtengan material genético.

La carne importada es un producto de nicho

La carne importada, que paga desde la semana pasada un arancel adicional al que ya tenía, representa una pequeña parte de la oferta total que existe en el mercado ecuatoriano.

Entre los productos que se compran del exterior están la carne fresca y refrigerada bovina, porcina, ovina; hígados, riñones, etc., salmón, embutidos y otros.

Estos productos ya tenían aranceles que iban del 20% (cortes finos de res) hasta el 30% (despojos como lenguas, hígados, riñones, etc.).

A estos aranceles se sumó, desde el pasado 11 de marzo, un 45% más.

Importadores como Dibeal Ecuador considera que las medidas arancelarias afectarán a toda la cadena. “Hacemos nuestro mejor esfuerzo por acortar otros costos, para que no afecte al consumidor, pero no se llega a compensar el 45%” de la sobretasa, que “es un valor fuerte”, explica Aída Ruiz, jefa de Logística de la firma.

La carne es una parte mínima de su catálogo de productos, pero tiene otros, que también asimilarán una sobretasa arancelaria, que serán más afectados.

Ruiz indica que la carne se destinaba a un nicho específico, como algunos restaurantes, hoteles y delicatessen.

En estos últimos, menos del 20% o 10% de cárnicos es importado. Los compradores son locales y extranjeros que tienen una cultura en el consumo de carne, dice un vendedor de un local de Federer.

La demanda de estos alimentos importados, que también es reducido en este local, ha decrecido en los últimos años debido principalmente a la aplicación de medidas arancelarias anteriores.

Según datos de la Federación de Ganaderos del Ecuador, al año ingresan al país 15 000 toneladas de carne importada.

El país produce unas 181 488 toneladas de carne al año.

Pollo, cerdo y res son las carnes preferidas por el ecuatoriano

El ecuatoriano consume cada año, en promedio, 54 kilogramos de distintas variedades de carne. 32 kg corresponden a carne de pollo; 12 kg son de cerdo y el resto (10 kg) corresponde a res y pescado.

Así lo dieron a conocer representantes de la industria ecuatoriana la semana pasada en Quito, en el Primer Encuentro Internacional de Alimentos y Bebidas, organizado por la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos y Bebidas.

Édison Romo, titular del sector alimenticio de la Cámara de la Pequeña y Mediana Empresa de Pichincha (Capeipi) y gerente de la firma de carnes Macafri, aporta más datos sobre la demanda de carne de res: en el país el consumo per cápita anual es de 9 kg. “Es un consumo que se mantiene estable en los últimos dos o tres años, pero si se compara con otros países de la región es bajo”.

En Colombia, por ejemplo, se consumen 20 kg de carne de res anuales por habitante, en promedio. En Argentina o Uruguay, la cifra crece hasta 80 kg, asegura el dirigente de la Capeipi. “En esos países se ha trabajado para fomentar el consumo de carne bovina”.

Añade que para llegar a los niveles de los países de la región es necesario producir el doble de lo que actualmente se procesa en carne. Se necesitarían 10 millones de vacas, que se repartirían en producción de leche y de carne.

Una de las dificultades que enfrenta la carne de res, explica Romo, es la situación de los precios en el mercado, que no se ajustan a la realidad. Para crecer, añade, se necesita una mejor organización de todos los actores del negocio: ganaderos, productores, transporte, comercializadores, etc.

Enrique Baquerizo, gerente de la Asociación de Ganaderos del Litoral, sostiene que la producción nacional sí abastece al consumo interno. “El problema es que la población sigue creciendo y no crece el hato de ganado”.

De hecho, en enero de este año, la Federación de Ganaderos del Ecuador (Fedegan), anunció una disminución de un 8% del hato de ganado para la producción de carnes debido a la sequía, “y porque muchos ganaderos han dejado el negocio para sembrar caña de azúcar, palma africana y otros productos agrícolas más rentables”, comenta Teófilo Carvajal, titular de la Federación.

Ese 8% representaría unas 325 000 reses menos. De ahí que el último trimestre del año pasado se incrementó el precio de la carne: pasó de USD 2,50 a USD 3,20 la libra. Actualmente, el precio bordea los USD 3,60 la libra (promedio).

“Antes había sobreoferta y el precio que se le pagaba al productor era de USD 0,45 la libra. Ya pasó ese fenómeno y hay escasez, eso ha obligado a que suban los precios”, explica Baquerizo.

Otro punto de vista lo tiene Luis Bakker Villacreses, director de Pronaca. Él asegura que en Ecuador, el mercado de carnes viene creciendo, porque la población está mejor informada y exige productos de calidad. Además, reconoce que el consumo puede aumentar aún más: “El ecuatoriano consume 54 kilos anuales de distintas carnes y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), recomienda que el consumo sea de 80 kilos anuales. Entonces, hay espacio para crecer en el mercado local”.

Bakker añade que la competencia en el sector es grande y que el mercado está atomizado con la participación de muchos participantes. Este empresario es optimista respecto de la declaración del país como libre de la fiebre aftosa. “La carne local es de calidad. Ahora, debemos cubrir el mercado interno, trabajar en las cadenas de producción, transformar al sector y empezar a exportar”.