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Fotos: Xavier Caivinagua para LÏDERES El artesano cuencano Eduardo Segovia explica a los visitantes las técnicas para las elaboración de adornos.

El artesano cuencano Eduardo Segovia explica a los visitantes las técnicas para las elaboración de adornos. Fotos: Xavier Caivinagua para LÏDERES

Cuenca apuesta por una ruta artesanal

6 de septiembre de 2016 08:45

La Ruta Artesanal de Cuenca es la nueva apuesta para atraer al turismo nacional e internacional. En esta opción, que fue presentada la semana pasada, se plantea la visita a las galerías y talleres de siete artesanos, que se dedican a la cerámica, joyería y herrería y metales.

El taller del ceramista José Encalada, de 81 años, es parte del recorrido. Desde que tenía 14 se dedica a la alfarería, en el barrio Convención del 45. En su local exhibe macetas, apliques de pared, vasijas, teteras, platos y adornos elaborados en arcilla. Los objetos más pequeños cuestan USD 1,50 y los más grandes hasta 60. Además, incursionó en la elaboración de vajillas de cerámica negra.

Los visitantes pueden aprender las técnicas de su oficio. Con los pies, Encalada mueve el torno y con las manos moldea. Él se ayuda con agua para que no se peguen las manos en la arcilla.

Eduardo Segovia, de 78 años, también es parte del proyecto. Él elabora adornos inspirados en las culturas latinoamericanas y sus obras se han expuesto en Europa con el nombre de ‘Constante Búsqueda’. Su arte se puede conocer con una cita previa.


El taller y galería Andrea Tello es otra parada. Ella es la tercera generación de una familia de joyeros y tiene creaciones en filigrana y mezcla de metales. Cuenta con líneas contemporáneas y ha investigado sobre los símbolos y signos de la vestimenta andina para crear una colección para rescatar esa cultura.

Mama Quilla, traducido del kichwa, significa Madre Luna. Esta platería que funciona desde hace 13 años tiene un área de exhibición y ventas un taller donde el turista puede conocer sobre la elaboración de una joya. Su propietario Ernesto Peña se especializa en el arte de la filigrana, aunque también conoce otras técnicas.

Desde hace cinco años, Peña hizo una innovación que es la filigrana esmaltada, que tiene colores y transparencias. También, hace la filigrana envejecida. Con la creación de esta ruta quiere recibir más clientes y “que el turista tenga una experiencia vivencial”. Sus joyas cuestan desde los USD 10 (un par de aretes) hasta los 350, por una figura de escarabajo elaborado en filigrana envejecida.

En la calle De las Herrerías está el taller de Humberto Guerra y en el barrio de El Vado de Carlos Bustos. Ellos se dedican a elaborar adornos y objetos utilitarios son hierro y metales. “Con esta ruta queremos que más turistas nos visiten y mejorar las ventas, que ahora están bajas”, dice Guerra.

Al día recibe entre dos y 20 visitantes a quienes oferta faroles, cruces, lámparas y candelabros. Los faroles cuestan entre USD 20 y 50, dependiendo del tamaño y los candelabros desde 4.

En el recorrido también se contempla el acceso a los museos municipal Casa del Sombrero y de la Joyería Cuencana. En este último se cuenta la historia, tradición y creatividad de este oficio, que es uno de los principales de Cuenca. Allí, se destaca la trayectoria de artesanos como Emilio Huiracocha, Ariolfo Vázquez, entre otros.

La Casa del Sombrero, en cambio, funciona en una de las primeras fábricas de sombreros de paja toquilla de la capital azuaya. La estructura fue construida en 1880. Hay información sobre el tejido, que es patrimonio inmaterial del país, fotografías y una sala de exhibición y ventas.
El objetivo de la Ruta Artesanal es diversificar la oferta turística del cantón Cuenca y que los visitantes puedan conocer sobre los procesos de elaboración de artesanías y compartir.

Esta ruta fue armada de acuerdo con un criterio técnico del personal de la Fundación Municipal de Turismo y las recomendaciones realizadas por organismos como el Centro Interamericano de Artesanías y Artes Populares y la Asociación de Joyeros del Azuay.

Según la directora de la Fundación, Tania Sarmiento, para ello se consideraron parámetros como la calidad de las artesanías ofertadas, la capacidad de cada uno de los espacios para recibir grupos de turistas, la accesibilidad a los locales, la disposición de los artesanos para enseñar al público su trabajo, entre otros factores.