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Los estudiantes de la Escuela Politécnica del Chimborazo que participan en el certamen de emprendimiento Hult Prize. Foto: William Tibán para LÍDERES

Los estudiantes de la Escuela Politécnica del Chimborazo que participan en el certamen de emprendimiento Hult Prize. Foto: William Tibán para LÍDERES

Politécnicos de Chimborazo concursan en Dubái y Boston

20 de febrero de 2017 16:42

Un robot con modernas aplicaciones y una chompa con un fuerte mensaje social en su diseño, son las propuestas que dos equipos estudiantiles de la Escuela Superior Politécnica de Chimborazo presentarán la próxima semana en la fase regional del certamen Hult Prize.

Los chicos fueron escogidos como parte de la delegación que representará al país en ese concurso mundial de emprendimientos sociales, tras superar en la etapa nacional a otros 23 equipos de varias universidades.

Este año, el propósito de Hult Prize es premiar los emprendimientos más creativos que oferten soluciones a las necesidades de los cerca de 10 millones de refugiados que llegan a Europa por las guerras en el Oriente Medio.

Uno de los equipos seleccionados es el Team Willow, integrado por los estudiantes de Ingeniería Electrónica Cristian Arellano, Jefferson y Daniel Vallejo. Ellos concursarán en Dubái este 28 de febrero con su diseño de un robot humanoide similar a un juguete, pero que en realidad será una herramienta de comunicación y terapia para los niños refugiados.

El robot mide cerca de 40 centímetros, funciona con un teléfono inteligente y se llama Willow. En un inicio nació como un instrumento de terapia para niños con autismo y síndrome de asperger, es decir, con dificultades para comunicarse, socializar e interactuar con otras personas.

El proyecto se inició en el año 2014, cuando diez amigos se unieron para crearlo. Las primeras aplicaciones que le instalaron se convirtieron en una herramienta para un innovador método terapéutico que les permitía a los psicólogos interactuar con los niños mientras ellos jugaban.

Además, podía manipularse desde otro teléfono inteligente a través de Internet y podía hacerse desde cualquier parte del mundo, por lo que representaba una oportunidad para que los niños puedan recibir terapias especializadas. En el 2015 el proyecto fue premiado por el Municipio de Riobamba con un incentivo de USD 7 000.

Ese premio se convirtió en un capital semilla para el grupo de emprendedores, que continuaron desarrollando y mejorando el robot. Luego el grupo se desintegró, pero tres jóvenes decidieron continuar el proyecto.

Hoy, Willow cuenta con nuevas aplicaciones que lo convierten en un juguete de realidad virtual inspirado en el juego Pokemon Go. Una de las nuevas habilidades del robot, es un complejo sistema de traducción bidireccional que le permiten leer los labios para transformar las frases en lenguaje de señas o viceversa.

Además, está equipado con un mapa que le permite a su propietario encontrar su ubicación, trazar rutas y trayectorias, en su idioma nativo. Otra de las mejoras que el equipo logró para el robot es el tiempo de duración de las baterías, Willow puede funcionar hasta por ocho horas.

“Mejorar nuestro diseño nos tomó varias semanas sin dormir y decenas de horas de investigación sobre las necesidades de los refugiados y cómo solucionarlas con la tecnología. Estamos entusiasmados con el resultado que obtuvimos”, dice Daniel Vallejo.

Otro equipo, en cambio, viajará a Boston, en Estados Unidos, para concursar en otra categoría del Hult Prize. El emprendimiento se denomina Border Line, y a más de solucionar una necesidad puntual de los refugiados, representa un vínculo emocional y cultural con otra persona en el mundo.

Se trata de una chompa impermeable y térmica para evitar más muertes por hipotermia, pero lo que llama la atención del proyecto es el sistema de comercialización y el concepto de diseño.

La idea es sacar a la venta la línea de abrigos y garantizar al comprador que por cada prenda que adquiera, un refugiado recibirá una exactamente igual. La pareja de chompas que adquiera el donador están vinculadas entre sí por un logotipo que al fusionarse luce como uno solo, y que además será exclusivo y personalizado.

“La idea es que la persona que recibe la chompa no solo tenga una prenda de vestir, sino algo que la vincule con otra persona en el mundo que está vistiendo una chompa similar. El objetivo es crear lazos afectivos que rompan estereotipos y fronteras, y recuperar la humanidad”, cuenta David Feria, estudiante de Diseño Gráfico e integrante del equipo.

Los logotipos representan la dualidad y las realidades de dos personas que se vinculan. Están inspirados en los íconos de la cultura Cañari, por lo que también simbolizan la multiculturalidad.

El equipo también está integrado por Pamela Carrión y Yidemni Balseca, estudiantes de la Escuela de Ingeniería Mecánica y de la carrera de Gestión de Transportes. Ellas diseñaron un preciso plan de negocios que también permitirá ayudar a los refugiados desde otros frentes.

Por ejemplo, la maquila contratada para elaborar las chompas deberá estar integrada por personas refugiadas. “Se calcula que 110 personas mueren al día cuando hay condiciones climáticas extremas. Esta chompa actúa también como un ‘sleeping bag’, para conservar la temperatura si la persona debe dormir a la intemperie”, dice Balseca.