Florinella Muñoz Desde el 2018 es la rectora de la Escuela Politécnica Nacional. Es la primera mujer en ocupar el cargo en 150 años. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Evelyn Tapia
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Florinella Muñoz: 'Si uno no se involucra, los cambios no van a darse solos'

4 de septiembre de 2019 08:23

Una ingeniera química que dirigió por 14 años el Departamento de Ciencias Nucleares de la Escuela Politécnica Nacional (EPN) es, desde el pasado diciembre, la primera mujer en ocupar la silla del Rectorado de esta universidad, que tiene 150 años de historia en el país.

Florinella Muñoz, quiteña, cuenta que estos casi nueve meses de gestión han sido un proceso de aprendizaje y un reto para alguien que, como ella, se había dedicado de lleno a la docencia e investigación durante 19 años.

Cuando le propusieron postularse para las elecciones, Muñoz, que tiene un PhD en Ciencias Naturales, cuenta que tuvo dudas, pero dice que su fe en Dios le proporcionó confianza para dar el paso a un nuevo reto. “Me di cuenta que a veces queremos cambios, pero si solo nos quejamos y no nos involucramos en ser actores que generen esos cambios, no va a pasar nada. Entonces pensé en que tengo que pasarme al lado de los actores que hacen los cambios”.

Muñoz ocupará el cargo hasta el 2023. En ese período cuenta que espera mejorar la organización de la universidad en temas administrativos, trabajar en las reformas curriculares de las carreras y poner mayor énfasis en temas de emprendimiento. Un primer logro es haber reformado el estatuto de la institución.

Pasión por educar

“Mi carrera en la docencia comenzó cuando fui ayudante de laboratorio de Química Orgánica, y descubrí que me encantaba dar clases, era tener la oportunidad de ayudar a los alumnos a hacer bien las cosas y de ponerles ideales de excelencia. Yo siempre empiezo mis clases con una charla de motivación a mis estudiantes. Les hablo de los valores que debe tener una persona, por ejemplo, la honestidad. Les digo que lo que uno es hoy, lo será siempre. A veces las personas pueden pensar que no importa que copien ahora que son estudiantes y no profesionales, pero yo les hago sacar la cédula y les pregunto ‘¿qué profesión dice?’, y me responden ‘estudiantes’, entonces les digo que ahora esa es su profesión y desde ahora deben ser honestos.

Una de las cosas que más he disfrutado de la docencia es ver cómo los jóvenes se van transformando con la educación. Cuando llegan, uno los ve como unos niños, a veces llegan con situaciones económicas difíciles, de provincias. Al final se los ve convertidos en profesionales, uno es testigo de la madurez que adquieren, y son exitosos dentro y fuera del país. Encontrarse con alumnos fuera de la institución y sentir su respeto y cariño es hermoso. También me ha llenado de satisfacción salir del país con mis estudiantes a presentar trabajos de investigación y que otros profesores del mundo me feliciten y me digan: ‘Qué buenos sus estudiantes”.

El espacio de la mujer

“Cuando yo empecé a estudiar, no había profesoras mujeres en la Facultad y eso ha cambiado. Luego, cuando llegué al departamento de Ciencias Nucleares, este estaba compuesto mayoritariamente por hombres. Solo había una profesora y luego llegué yo al cargo de jefa.

Dirigir el departamento fue difícil, hubo un poco de resistencia porque yo era bastante más joven que los profesores que había y que fueron mis maestros. Con el tiempo nos fuimos entendiendo mejor y hubo un cambio generacional, los profesores antiguos se jubilaron y a los más jóvenes, yo misma los traje. Ahora son nueve profesores en esta área, cuatro son mujeres. He visto cómo las mujeres se han involucrado más en el área de Ingeniería Química, actualmente hay un 50% de alumnas y 50% de alumnos, pero en el resto de carreras de la universidad todavía hay una diferencia mayor, hay un 30% de alumnas, pero esto puede ir cambiando. Creo que las mujeres atraen e inspiran a otras. Si una está haciendo algo diferente, otras lo miran y dicen: ‘si ellas pueden, yo también voy a hacerlo”.

Cambio en las empresas

“Hay carreras en las que aún no sube la participación femenina por las ofertas de trabajo. Porque no se trata de que la mujer solo elija una carrera porque le gusta y ya. Se elige la carrera porque se proyectan posibilidades de trabajo y crecimiento; si no hay eso en las empresas, es difícil. La industria también debe cambiar y decidir abrir más espacios para las mujeres. Esas trabas que aún existen, como pensar en no contratar a una mujer porque se puede embarazar o porque no es lo suficientemente fuerte para cargar un bulto, deben desaparecer”.