Santiago Vélez, junto a la prensa que comprime los cilindros de hormigón para comprobar su resistencia y verificar si cumplen con la norma. Foto: Xavier Caivinagua para LÍDERES

Santiago Vélez, junto a la prensa que comprime los cilindros de hormigón para comprobar su resistencia y verificar si cumplen con la norma. Foto: Xavier Caivinagua para LÍDERES

Redacción Cuenca
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Este laboratorio mide la calidad del hormigón

14 de agosto de 2018 10:52

Hace tres meses se inauguró SV Concrete Lab, un laboratorio para medir la resistencia del hormigón, que se emplea para edificios, vialidad, puentes, prefabricados, viviendas particu­lares y otros proyectos.

Es una idea del ingeniero civil Santiago Vélez, quien estudió una maestría en Estructuras de Concreto, en el Imperial College London, entre el 2015 y el 2016.

El servicio consiste en recopilar muestras de hormigón, ya sea en las mismas construcciones o las reciben en el local de SV Concrete Lab, en Cuenca. Luego las colocan en forma de cilindros en una piscina. Allí pasan entre 3 y 54 días y se retiran paulatinamente para efectuar las diferentes pruebas de resistencia, en función del tiempo. Por lo general, se toman 12 cilindros por cada obra.

Una vez que un cilindro sale de la piscina es pesado y medido. Luego es colocado en unas bases para ser ubicado en la prensa y, finalmente, se emite el informe.

La prueba cuesta USD 5,65 por cada cilindro si el interesado trae las muestras; pero si los técnicos de SV Concrete Lab van a la obra sube a cerca de USD 8, incluido el impuesto al valor agregado (IVA), explica Vélez.

Sus primeros clientes fueron constructores privados, pero ya han presentado su propuesta en gobiernos seccionales, hormigoneras y cementeras. En SV Concrete Lab trabajan dos ingenieros civiles y dos arquitectos. Además, cuenta con el asesoramiento de expertos que residen en Londres, Singapur o Malasia.

Otros servicios son consultorías y capacitaciones en diseños estructurales y manejo de normativas. Además, manejo y uso tanto en cemento como de hormigón.

Desde hace seis años, Vélez trabaja en la concienciación sobre la correcta realización de estructuras de hormigón, “porque existe un gran déficit en la construcción. Las personas piensan que solo se debe mezclar una palada de cemento con dos de arena y tres de ripio y no consideran que existen otras variables, como la calidad de esos materiales”.

Según él, cuando existe un concurso o licitación siempre se debe verificar que se cumpla con la resistencia especificada para toda obra de hormigón, como obras de pavimento rígido, postes, bloques, edificios, entre otras.

Si bien el cemento es de calidad, Vélez dice que la gente desconoce cómo preparar buenos hormigones y medir la resistencia en la obra. Pone como ejemplo, que la arena casi siempre tiene diferentes características, más aún si procede de otras zonas. Además, en el país hay obras que no son fiscalizadas, como una casa particular, y allí se presentan los problemas.
Con este emprendimiento, Vélez quiere que no solo en las obras grandes se controle la resistencia del hormigón, sino también en las pequeñas y medianas.

Hasta hace cuatro meses fue Jefe de Producción de la cementera Atenas, del grupo Graiman. Allí ratificó que había potencial para un laboratorio tecnológico, porque el hormigón es uno de los materiales más consumidos en el mundo. “El 60% de la construcción es hormigón”, confirma la arquitecta Marcela Aragón, quien trabaja en SV Concrete Lab.

Vélez abrió el laboratorio para certificar, de acuerdo con normativas internacionales y nacionales. Su intención es que se mejoren las construcciones “porque no queremos que se repitan sucesos como los ocurridos en el terremoto que se registró en Manabí y Esmeraldas, en abril del 2016”.

Antes de abrir el laboratorio, sus técnicos perfeccionaron los procesos internos y procedimientos, para ello se apoyaron en el Inen y en el Ministerio de Industrias y Productividad. “Seguimos las normas de calidad para laboratorios industriales”, señala Aragón.