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Byron Robalino y su familia se encargan de tallar figuras religiosas en Riobamba. Las imágenes pueden costar entre USD 40 y 1 200. Tiene clientes en la Sierra y en la Costa. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

Byron Robalino y su familia se encargan de tallar figuras religiosas en Riobamba. Las imágenes pueden costar entre USD 40 y 1 200. Tiene clientes en la Sierra y en la Costa. Fotos: Glenda Giacometti / LÍDERES

Las esculturas religiosas son el talento familiar

26 de junio de 2017 14:41

Byron Robalino, de 45 años, se toma entre tres semanas y cuatro meses esculpiendo las imágenes religiosas que comercializa en un local del Centro Comercial La Condamine, en Riobamba.

Los detalles delicados y prolijos en los rostros, cabello y cuerpo de sus creaciones lo volvieron un escultor reconocido. Él elabora representaciones del Niño Jesús en el pesebre, vírgenes, ángeles, santos y más imágenes religiosas.

Además, es un restaurador experto. En todas las capillas católicas de Riobamba hay al menos un trabajo de su autoría o restaurado en su taller. Sus trabajos también son demandados en otras provincias de la Sierra y la Costa.

“Por tradición, mi familia siempre estuvo vinculada a la madera. Pero fue mi padre quien se inició en la escultura y restauración. En esa época ese era un oficio nuevo en la ciudad”, cuenta Robalino.

Su padre, Alejandro Robalino, abrió un taller en 1987. El negocio se volvió tan popular que incluso en la actualidad ese sitio está lleno de negocios de restauración y venta imágenes. Byron buscaba destacarse, por lo que decidió prepararse académicamente.

En 1990 abrió su local propio. En un inicio se instaló en una de las habitaciones de su casa, adquirió bloques de madera, pinceles y pinturas. Invirtió 120 000 sucres, que en la actualidad equivaldrían a cerca de USD 500.

En un inicio Byron continuó trabajando como socio de su padre, él se encargaba de las obras más importantes y grandes que se recibían en el taller familiar. Pero en poco tiempo adquirió una fama propia y se convirtió en su competencia directa.

Tres años después Byron estaba listo para iniciar el negocio en un local propio, que se ubicó en el Centro Comercial La Condamine, que en ese entonces era un mercado techado. Además, contrajo matrimonio con Irene Silva, quien también se sumó al negocio de lo que hoy es Esculturas Robalino.

La pareja volvió a hacer una inversión de USD 2 500 en la adecuación del local, también compraron yeso, más pinceles, gubias, lijas y otros materiales. Aunque la mayor inversión tomó tiempo y talento. Actualmente el local funciona en el mismo lugar en el que se inició. Los clientes más asiduos como Emperatriz Pazmiño, cuentan que en el local ha cambiado todo, excepto la calidad.

“Yo acudía con mi niñito Jesús, cada vez que se me lastimaba. Primero iba al taller de Don Alejandro, pero luego todos hablaban del talento de su hijo. Cuando quise comprar un niñito nuevo fui, y desde entonces soy una clienta fiel”, cuenta Pazmiño.

A la empresa también se sumaron los hijos del matrimonio, Danilo, Ronny y Pamela. Ellos aprendieron a tallar desde su infancia.

Ellos tallan los detalles grandes y preparan las esculturas para que su padre las termine con los acabados finales como los detalles de los rostros, manos y pies.

Para la familia, la época más ocupada del año es entre agosto y septiembre. En esos meses se preparan las esculturas del Niño Jesús y otras figuras del pesebre que se comercializan en Navidad, la temporada más alta del año.

Ellos ya no trabajan únicamente con madera, sino que también hacen esculturas de cerámica, resina, y otros materiales. Pero lo que los distingue de las imágenes religiosas que se elaboran industrialmente son los detalles y la calidad del trabajo manual.

Una imagen puede costar entre USD 40 y 1 200. Independientemente del tamaño, el precio varía según a la calidad de los detalles.