Llevó el fitness del patio de sus padres a un negocio digital sin fronteras

Belén Román comenzó con USD 160 y tres clientes. Cinco años después, reporta una base de 460 clientes en 14 países y un alcance acumulado de 1.800 personas en 15 países desde sus inicios.

Los primeros USD 160 de Be Fit by Belén sirvieron para pagar una licencia de Zoom. En marzo de 2021, Belén Román daba clases desde un pequeño patio de la casa de sus padres, con una computadora y unas mancuernas prestadas por ellos. Había diseñado el logo en Canva y abierto una cuenta en redes sociales. Tenía tres clientes y, según recuerda, ingresos de alrededor de USD 200 mensuales. No podía financiar un gimnasio pero si podía empezar a entrenar a personas que estaban en sus casas. 

Al terminar el primer año, el programa había llegado a 100 personas. Hoy, Román reporta una base de 460 clientes en 14 países y un alcance acumulado de 1.800 personas en 15 países desde sus inicios.

Entre esos dos momentos hubo una decisión que definió el negocio. Aunque le propusieron abrir un gimnasio presencial, Román prefirió invertir en el servicio digital. Había encontrado una demanda que podía mantenerse después del confinamiento, personas que necesitaban entrenar desde casa y querían acompañamiento. “Yo tenía que hacer crecer mi modelo de negocio porque funcionaba”, dice al recordar esa elección. 

Su historia personal ayudó a encontrar a ese público. Ingeniera comercial de formación, Román cuenta que vivió durante una década con depresión y ansiedad. El ejercicio fue parte de su recuperación. Antes de emprender se certificó como entrenadora y en nutrición deportiva. Esa experiencia orientó la propuesta hacia el bienestar y la cercanía con sus alumnos. También se convirtió en el punto de partida de su comunicación en Instagram. 

El público que identificó con más claridad fueron mujeres de entre 30 y 55 años, especialmente madres con hijos pequeños, personas con poco tiempo para desplazarse o que se sentían incómodas en un gimnasio. Aunque también participan hombres, ese grupo de mujeres concentró su mensaje comercial. La posibilidad de entrenar en un espacio propio, con una rutina guiada, era la necesidad concreta que buscaba atender.

La venta se organiza mediante membresías de uno, tres o seis meses. La web publica un precio mensual de USD 60 para entrenamiento y de USD 80 para el plan prémium, que añade acompañamiento nutricional personalizado. Las clases se transmiten de lunes a viernes, a las 05:10 y a las 19:30, hora de Ecuador continental, y quedan disponibles en la plataforma.

Las grabaciones resultaron decisivas para atender a clientes fuera del país. Su primer alumno internacional llegó desde Perú en 2022. Después se sumaron usuarios de otros mercados, entre ellos Colombia, Panamá, Estados Unidos, Canadá y España. Según Román, una pequeña parte de su comunidad se conecta en vivo y muchas personas utilizan las sesiones grabadas. Esa flexibilidad permite vender el mismo programa a públicos con horarios distintos, mientras Ecuador sigue siendo su principal mercado. 

La primera transformación operativa fue construir una plataforma propia. Román y su esposo revisaron servicios de entrenadores internacionales y contrataron a una empresa para desarrollarla. El proyecto tomó alrededor de un año. La fundadora sitúa el lanzamiento de la web en 2023, cuando ya tenía una base de más de 200 clientes. Más tarde sumó una aplicación móvil, disponible para iPhone y Android.

La inversión tecnológica atendió dos necesidades. Para el cliente, reunió clases, recetas y herramientas de seguimiento en un solo lugar. Para Román, permitió administrar membresías y conocer qué usuarios estaban próximos a renovar. En su panel revisa vencimientos e ingresos esperados por renovaciones. La plataforma envía avisos cuando se acerca el final del plan y permite extender el acceso.

Ese sistema también sirve para recuperar clientes. Hay cerca de 900 registros acumulados desde la creación de la plataforma. Sobre esos contactos, el negocio realiza campañas por correo y WhatsApp para mantener la relación y ofrecer el regreso al programa. La gestión comercial dejó de depender únicamente de conseguir personas nuevas, también incluye renovar a quienes están y volver a contactar a quienes se fueron. 

La calidad de las transmisiones exigió otra inversión. Del patio pasó a un set con tratamiento acústico, iluminación y asesoría de especialistas en sonido. Aprendió a utilizar OBS para incorporar temporizadores, indicaciones de ejercicios y elementos gráficos durante las clases. La plataforma y la app fueron, según explica, su mayor inversión. Afirma que el propio negocio ha permitido financiar las mejoras.

La oferta se amplió con cuatro especialistas que acompañan su trabajo como entrenadora, una nutricionista, una psicóloga, una profesional de gastronomía saludable y una instructora de yoga. Imparten talleres y sesiones complementarias. Román sostiene que ha mantenido sus precios desde 2021, mientras añade servicios. Esa decisión exige que la reinversión y el costo del equipo encuentren respaldo en las ventas y las renovaciones.

Instagram es su principal canal de captación, según la fundadora. Al comienzo, publicar su historia atrajo a personas que se identificaban con ella; recuerda haber alcanzado unos 6.000 seguidores durante el primer año. La publicidad pagada también formó parte del crecimiento. Hoy trabaja con un equipo externo de cuatro personas para producir contenido y gestionar campañas en Instagram, Facebook y TikTok. Román participa en las ideas y en la manera de contarlas. 

El siguiente paso ha sido conectar ese contenido con un proceso de venta. En la entrevista describe un reel que alcanzó unas 500.000 reproducciones y más de 3.000 comentarios. Mediante ManyChat, quienes escribían una palabra recibían una respuesta automática que los conducía a la información del programa, un video explicativo, la clase de prueba y los planes de pago.

También incorporó un chatbot para responder preguntas frecuentes y facilitar el contacto con ella. Son herramientas que buscan reducir el trabajo repetitivo antes de que aumente el volumen de consultas. Las recomendaciones siguen teniendo peso, Román atribuye buena parte de la llegada de alumnos internacionales a clientes que comparten su experiencia con familiares y conocidos. La automatización convive con esa relación personal, sobre la que construyó la marca. 

El negocio se dirige desde Canadá, donde vive Román, mientras sus proveedores y equipo de apoyo están en Ecuador. Ha delegado tareas de administración, diseño y redes sociales, aunque conserva las clases y el contacto con sus alumnos. Su esposo participa en la organización y las decisiones del proyecto. La distancia no cambió la elección inicial de atender al mercado ecuatoriano mediante un servicio digital.

Ahora prepara una nueva versión de la app y más funciones para sus usuarios. Habla de llegar algún día a 10.000 clientes, una aspiración que todavía está lejos de su base actual. Ese objetivo obliga a revisar cuánto puede automatizar y cuánto acompañamiento seguirá dependiendo de ella. La cercanía que ayudó a vender las primeras membresías también será una de las partes más difíciles de sostener si el negocio alcanza ese tamaño.

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