De los emprendimientos físicos al negocio digital: una ecuatoriana que convirtió Canva en una fuente de ingresos

Diana Lovato Genius Canva

Diana Lovato

En medio del auge de la economía de creadores, una ecuatoriana encontró en los infoproductos una salida concreta a la frustración de los negocios tradicionales. Su historia no parte de una startup financiada ni de una estructura empresarial compleja, sino de varios intentos fallidos, deudas, aprendizaje acelerado y una apuesta por transformar conocimiento en un producto digital vendible. 

Su trayectoria comienza lejos de los cursos online. Formada en diseño gráfico tras abandonar una ruta académica vinculada a la contabilidad, probó distintos emprendimientos físicos mientras trabajaba en oficina: postres personalizados, regalos sublimados y, más tarde, un pequeño restaurante de sándwiches que terminó cerrando luego de invertir entre US$10.000 y US$15.000 y perder miles de dólares. Esa etapa dejó una conclusión dura pero decisiva: en los negocios físicos, el costo del error puede ser demasiado alto para quien emprende sin respaldo de capital. 

Fue entonces cuando giró hacia el entorno digital. Antes de encontrar un modelo rentable, ensayó dropshipping, afiliación, reventa de cursos y automatizaciones para YouTube. El punto de quiebre llegó al detectar una necesidad específica: contenido de Canva en español para una audiencia que ya buscaba aprender esa herramienta. A partir de ahí construyó una cuenta en Instagram, atrajo tráfico orgánico con contenido educativo y lanzó un PDF como producto de entrada. Según relata en la entrevista, ese PDF generó US$300 en sus primeras dos semanas, casi US$1.000 en el segundo mesUS$2.000 en ventas en el tercer mes. En paralelo, la cuenta escaló con rapidez: 50.000 seguidores en dos meses100.000 en tres y medio millón entre todas sus cuentas en diez meses.

El dato más revelador del caso no es solo el crecimiento, sino el mercado al que logró llegar. Su audiencia principal tiene entre 25 y 35 años y proviene mayoritariamente de Latinoamérica, mientras que los ingresos se concentran sobre todo en España, México, Argentina y Chile. Ese patrón confirma algo clave para los negocios digitales nacidos en Ecuador: muchas veces el mercado natural ya no es solamente el local, sino el hispanohablante. En un país donde, según el Banco Mundial, alrededor del 60% de los hogares tiene acceso a internet fijo, pero en zonas rurales la cifra cae al 38%, la posibilidad de vender sin fronteras se vuelve no solo una ventaja competitiva, sino una forma de compensar las limitaciones del mercado interno.

Con el tiempo, el modelo dejó de depender de un solo producto y pasó a diversificarse. Hoy la estructura combina PDFs, cursos en video, membresías, patrocinios y monetización en plataformas. En la entrevista, la emprendedora asegura que sus infoproductos siguen siendo la principal fuente de ingresos y que, en conjunto, el negocio ha superado los US$20.000 en el último año. También afirma que cobra entre US$200 y US$400 por reel patrocinado, con una frecuencia de uno o dos patrocinios al mes, principalmente de marcas y plataformas vinculadas a inteligencia artificial, marketing y crecimiento digital. Esa mezcla encaja con una tendencia global: Goldman Sachs señala que los acuerdos con marcas representan cerca del 70% de los ingresos de los creadores, mientras que YouTube reporta haber pagado más de US$70.000 millones a creadores, artistas y medios entre 2021 y 2023. 

Otro aspecto interesante del caso es que no romantiza el crecimiento. La emprendedora cuenta que también intentó vender un curso “high ticket”, por encima de los US$500, pero descubrió que el ticket alto exige otro tipo de comunicación, más acompañamiento, llamadas y una carga operativa mayor. Su conclusión, al menos por ahora, es que el modelo low ticket le resulta más eficiente: vende más fácil, requiere menos fricción comercial y escala mejor con contenido orgánico. En otras palabras, no siempre crecer significa cobrar más; a veces significa vender algo más accesible, a más personas, con una operación más liviana.

La operación, además, se sostiene con una estructura mínima. Son dos hermanas: una se encarga del frente visible: contenido, grabación, marca personal; y la otra de la trastienda: métricas, ventas, automatizaciones, paneles y atención al cliente. Ese reparto explica por qué el negocio puede funcionar con pocos recursos humanos y, al mismo tiempo, mantener consistencia. También explica por qué plataformas como Hotmart resultan estratégicas: permiten alojar cursos, procesar pagos, automatizar entregas y correos, reduciendo fricción operativa para equipos pequeños. 

Pero el caso también deja una advertencia para cualquier lector que quiera replicarlo. El negocio digital sí reduce costos fijos y acelera la experimentación, pero sigue dependiendo de reglas de plataformas que cambian por país, producto y elegibilidad. YouTube distingue entre acceso inicial al Partner Program desde 500 suscriptores y desbloqueo de ingresos publicitarios desde 1.000, además de aplicar restricciones territoriales y requisitos por función. Meta, por su parte, establece que para monetizar hay que residir en un país elegible para cada herramienta, y TikTok también mantiene funciones de monetización sujetas a disponibilidad geográfica. En otras palabras, para muchos creadores latinoamericanos la venta directa de productos propios sigue siendo más controlable que depender únicamente del payout nativo de las plataformas.

Lo que vuelve relevante esta historia para el ecosistema emprendedor ecuatoriano es su lectura estratégica. No se trata solo de “ganar dinero en redes”, sino de identificar una necesidad concreta, construir audiencia alrededor de un problema específico, vender una solución de entrada y luego ordenar una escalera de valor. La lección empresarial no está en la viralidad por sí sola, sino en la capacidad de convertir atención en producto, producto en sistema y sistema en negocio. Y esa, quizás, es la diferencia entre un perfil que publica contenido y una marca personal que ya opera como empresa. 

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