Güitig, una historia de más de 100 años

Ir por agua mineral es “ir por Güitig”. Como esta, pocas marcas han logrado asociarse tan directamente con el producto mismo. Pero no siempre fue así.

Allá por la década de 1870, el agua mineral, que brotaba de las vertientes de Tesalia, ubicadas en una hacienda de Machachi, ya llamó la atención del científico Teodoro Wolf, quien había llegado a estudiar las riquezas naturales del país. Aunque resaltó el valor curativo del agua, el científico registró que esta no era valorada en aquella época.

El envasado del agua mineral empezó a finales del siglo XIX de manera artesanal en botellas de vidrio de 20 litros, que se distribuían localmente.

Recién a inicios del siglo XX un francés llamado Pierre Denis vendió la idea de industrializar el producto a los propietarios de la hacienda, la familia Zaldumbide, que importó maquinaria y botellas francesas para el envasado. “Eran botellas verdes, como las del famoso champán europeo Perrier, pero las nuestras tenían el oso polar en la mitad”, relata Marta Zaldumbide, bisnieta del fundador de la firma y hasta hace dos años accionista de la compañía.

El producto se comercializaba en boticas de Quito. “La gente no estaba acostumbrada a tomar agua mineral, se la usaba como purgante”, dice.

La demanda no producía suficientes ingresos para pagar la costosa maquinaria, por lo que la familia buscó inversionistas. El principal accionista fue Ricardo Fernández Salvador. “En Machachi se decía que don Ricardo hizo agua sus haciendas porque vendió todo para comprar Tesalia”, relata Zaldumbide.

Con este capital, en 1921 se constituyó The Tesalia Springs Co., la primera empresa ecuatoriana de bebidas, que compró nueva maquinaria.

Entonces, la firma emprendió una estrategia agresiva de comercialización. Para 1930, Güitig había dejado de ser una medicina para tomar el lugar del champán en el centro de la mesa.

En 1940 la firma había alcanzado ya a la Sierra centro y arrancó la distribución de Güitig a la Costa ecuatoriana, que se hizo en tren. “Fue el ‘boom’ de la Güitig”, recuerda Zaldumbide con absoluta lucidez a sus 85 años de edad.

Juan Amable Jácome, de 81 años y quien aún trabaja como jardinero en The Tesalia Springs Company, conoce de cerca la historia de esta empresa. Nació en 1932 y trabajó en la empresa desde que cumplió 16 años. “Al principio, todo era manual. Las botellas se tapaban con tusas de mazorcas, que salían disparadas por la fuerza del agua. La Güitig se sacaba a vender a lomo de mula o burro”. Luego se importaron corchos y maquinaria, recuerda.

Pese a los cambios e innovaciones que se dieron en décadas posteriores, Tesalia siempre mantuvo una tradición ecuatoriana hasta el año pasado, cuando sus accionistas decidieron firmar una alianza para compartir el 50% de su operación con Corporación de Bebidas Continental y del Caribe (CBC), cuya sede está en de Guatemala.