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Lo recomendable es que la empresa gestione los días de descanso mediante un cronograma.

Lo recomendable es que la empresa gestione los días de descanso mediante un cronograma.

No hay verano para tanta gente

16 de agosto de 2017 15:51

Cuando se habla de productividad, probablemente a muchas personas se les viene la imagen de máquinas en plena capacidad de rendimiento. Y ciertamente, muchos empresarios conciben la productividad como algo mecánico, frío. Solo secundariamente consideran y valoran la productividad humana, que la supeditan, precisamente, al funcionamiento de las máquinas.

La Era Tecnológica, en su proceso de afianzamiento, ha ido dejando la impronta no solo de la pérdida de plazas de trabajo, sino el hecho rotundo de la ‘superioridad’ de las máquinas frente al trabajo humano.

La robótica, por ejemplo, ha resuelto las deficiencias propias de la ‘condición humana’, como la desatención y el cansancio, que provocan errores, con la consecuente pérdida de tiempo y dinero para la compañía.

Las máquinas son indiferentes a cuestiones subjetivas, como la inconformidad, la actitud hacia el trabajo, la desconexión emocional con la empresa.

Pero la ventaja insuperable de las máquinas radica en su poder de producción ilimitada, sin pausa alguna, cosa que el ser humano es incapaz de ofrecer. Sin embargo, esa ‘disponibilidad’ ilimitada está condicionada por los cronogramas de mantenimiento.

Es decir, las pausas son ineludibles, aún para las máquinas. Más precisamente, las pausas tienen directa relación con el rendimiento laboral.

En el caso humano, que ‘opera’ con el cuerpo, la ‘máquina perfecta’, la necesidad de hacer pausas constituye una urgencia. Sin embargo, paradójicamente, las empresas no están conscientes de la relación pausa - productividad.

Desde esa perspectiva, las vacaciones no son solo la simple ausencia temporal de los trabajadores, sino la capacidad de la empresa para repotenciarse, para administrar y canalizar la energía de su recurso humano.

Un trabajador descansado, que ha tenido un tiempo familiar, que dejado por unos cuantos días la rutina y los condicionamientos, habrá recuperado la perspectiva de sus quehaceres, tendrá un ánimo distendido, dispuesto para otra calidad de comunicación, gracias a que ha reciclado las energías físicas y mentales.

Es tarea del área de recursos humanos aplicar una estrategia basada en la conciliación de las necesidades de la organización y las del personal.

No debe haber razones para el aplazamiento y acumulación de las vacaciones y solo en casos excepcionales, la empresa puede considerar ‘comprar’ las vacaciones de sus empleados; pero, en general, el tiempo de pausa no debe ser negociable.

El aspecto práctico del cronograma debe encuadrarse dentro de los requerimientos de la compañía. Las vacaciones ‘a la carta’ son sencillamente inmanejables.

Circunstancias relacionadas con la antigüedad del trabajador, reconocimientos por el logro de metas y rendimiento destacado, urgencias familiares y de salud, son casos excepcionales al momento de privilegiar los meses del año apetecidos por la mayoría de los trabajadores.

Como exigencia, las diferentes áreas de la compañía deben tener el personal necesario para garantizar el flujo de trabajo.

Naturalmente, habrá mayor flexibilidad con el personal de áreas que tengan un evidente descenso de su actividad en ciertas temporadas del año.

Un sistema rotativo para el tiempo de verano y las festividades importantes, sin favoritismos y que esté planificado con la suficiente antelación, evita conflictos.

Respecto del personal considerado ‘imprescindible’, la compañía debe prever su reemplazo coyuntural de manera efectiva; para ello, debe capacitar a gente que esté lista para saltar al campo de juego con ánimo triunfador. En otras palabras, la compañía no debe estar condicionada por los ‘imprescindibles’.